18/11/09

El robo de la venda de la estatua de la justicia: un caso para el comisario Patxi.

Observen como el Museo de Bellas Artes de Bilbao y el sistema en que se apoya, pueden invertir y manejar toda realidad ajena a sus propósitos e intereses y como el juzgado puede confirmar y considerar esta alteración. Quizás nunca alcancen a descubrir fehacientemente ningún porqué, pero padecerán indefectiblemente todos sus efectos. Anoten el eficaz trabajo de nuestras instituciones.
Me ocupo en este post de una de sus omisiones fundamentales y principales. Origina y produce un retraso inicial de la muestra en siete meses y aumenta con ello en muchos meses los gastos de alquiler del estudio. Los demás retrasos los trato aparte por aumentar la diversión (sin ella sólo restaría asco y apatía).
Este, resulta estridente, aberrante de fingimiento, ley y tosquedad. Se trata de la primera retención de materiales ejecutada, sin coartada ni motivo alguno por el museo. Siquiera este discute, defiende o derriba en ningún momento, cuento o prueba, su culpa y responsabilidad en él. Iniciemos el relato.

Para aumentar y propiciar confusión, señala la juez en la sentencia, incierta, extraña y confusamente, que comienzo mis quejas sobre el infeliz e inútil sistema de aprobaciones, en Enero. ¿Por qué lo hará? (se ruegan respuestas). Erróneo. Será en agosto (estamos en 2006). El método hubiese resultado correcto sí el museo hubiese cumplido su trabajo y sus compromisos del Acuerdo. Pero nunca fue así; el museo desatendía e ignoraba continuamente a todos los proveedores y retrasaba mis trabajos. Lo que se produce en Enero, es la primera desatención -enormemente trascendental- del Museo a sus obligaciones.

Tras planificar el Artista -el año anterior- las necesidades de las obras a realizar y las propias estructurales al taller, acude a la Carpintería al objeto de que se confeccione presupuesto de ambas y sea enviado al Museo para su aprobación. La carpintería remite en Enero al Museo fax de tal presupuesto (así lo señala el testimonio del carpintero, con presencia y oferta de este documento fechado), pero la institución museística, incomprensiblemente y sin explicación alguna, no aprobará dicho presupuesto hasta siete meses después, impidiendo el comienzo de los trabajos para la exposición y retrasando con ello la posibilidad de realizarla en el tiempo previsto.

Ante la desatención del Museo, el proveedor -como casi todos los demás- tuvo que enviar posteriormente nuevo presupuesto. El proveedor Carpintería era inmediatamente necesario al proyecto, conformando todas las posibilidades de inicio del trabajo, pues además de encargarse de la elaboración de numerosas obras, proveía diferentes materiales: colas, tableros, paneles, maderas, caballetes... para el montaje del taller. Mas allá de las obras necesarias a la exposición, este proveedor era el único que posibilitaba el montaje del taller y su equipamiento. Era el taller, una pequeña lonja vacía (verán mas tarde como la juez pretende que debo meter un elefante en una caja de cerillas y entiende que el museo no pueda cargar fósforos en un paquidermo) a la que había que dotar de mínimos materiales consustanciales al inicio del trabajo. Estos, debían ser aportados tanto por el Artista, como por la propia carpintería.

Debido a la desatención del Museo durante siete meses, no pudo iniciarse pues trabajo alguno, siquiera el pertrechamiento del taller, tanto con materiales de la carpintería para montaje de la infraestructura, como el pendiente traslado y depósito por el Artista de numerosas herramientas y enseres necesarias a su trabajo, entre ellos, cientos de miles de materiales propios y estrictamente necesarios a su trabajo, que continúan retenidos por el Museo.

(Otro proveedor, papelera Nervión, debía proporcionar cartón gris y rollos supersuelos, que, como exigía el propietario de la lonja, debían proteger suelo y paredes del taller. Imposible comenzar pues cualquier trabajo. Este presupuesto tampoco fue aprobado y pagado hasta el 29 de agosto, con lo que el inicio se retrasaba nuevamente; se hablará de este y otro lote de proveedores en post posterior).

Impidió así el Museo toda posibilidad de inicio y arranque del trabajo, a tal extremo, que el Artista tuvo que informarle el 6 de septiembre, que sus desatenciones a proveedores (los otros retrasos suyos se verán mas tarde; todos) aconsejaban retrasar la exposición. El Artista, por iniciativa, voluntad y responsabilidad del Museo, había visto disminuido en siete meses el tiempo disponible para realizar sus obras, resultando imposible por menosprecio del Museo, cumplir los plazos previstos para su presentación. Lejano a toda complicidad y compromiso en la misma, ignoraba este, además de a proveedores, plazos, fechas y necesidades. Esta previsión y consejo lógico y necesario en señalar las consecuencias de sus actos, fue transformado intencionadamente, a interés propio en la demanda y ante prensa y medios, en petición de retraso por el Artista. Con ello iniciaron sus numerosas variaciones orquestales -habituales en la táctica del Museo, a efectos de ocultar y justificar su nula e inútil gestión y culpabilizar cínicamente al Artista de ello-, siendo como se aprecia, demuestra testificalmente y se afirma en diversos documentos, un retraso de fechas exclusivamente achacable al Museo. ¡Ojo a la maldad ridícula alojada en nuestras instituciones y gestores, capaces de transformar con amparo y sin vergüenza alguna, la fijación sutil de su incapacidad en responsabilidad y daño ajeno!.

Aclaraba el Acuerdo firmado entre las partes, que, tras el señalamiento de proveedores por el Artista, el Museo debía atender a su pago. Ninguna responsabilidad del Artista existe pues entre el presupuesto del proveedor y el pago y aprobación del museo al mismo. ¿Cómo ve esto la juez?. La juez, enigmáticamente (¿?), sin prueba, testimonio o argumento alguno que lo muestre, y pese a que el museo, precavido, evita, ignora y no toca en modo alguno el tema que describimos, afirma que el retraso es imputable a mi persona. Inversamente, expresa e implícita, los propios documentos aportados por el museo, prueban y señalan lo contrario.

La juez afirma incomprensiblemente que la documental aportada prueba que los presupuestos de dichos proveedores fueron aprobados por el subdirector del museo (Sr. Bakedano) de forma inmediata a su recepción... Veamos lo que realmente hay. Desprende esto la juez, de un mail donde Bakedano señala simuladamente: nada mas que los proveedores me envían doy la aprobación. Rotunda literatura que se muestra y revelará completamente falsa, como se muestra aquí para este proveedor y se mostrará sucesivo para todos los demás. Resulta aceptación servil del relato del museo sin consideración, siquiera superficial, de prueba alguna. No se muestra esta contestación de Bakedano, sino como un bla, bla, bla exculpatorio, que respondía a queja anterior mia: hay que buscar otro sistema de aprobaciones, el actual funciona muy lento, comentario que parece molestar mucho al museo y esencialmente a la juez, la cual, errónea?, lo sitúa en Enero. La juez acepta el relato falso e irreal del museo e ignora toda prueba y su cotejo o lectura. Parece pensar que soy yo, mísero artista, quien debe comenzar a trabajar sin materiales, sin estudio, en plena calle, con aire y humo. La juez no pierde tiempo alguno en analizar las pruebas (es un decir), pues sí las hubiese analizado, habría comprobado que absolutamente toda la documental y la testifical, demuestran el incumplimiento del museo. Incluso los únicos dichos proveedores que señala (Papelería Goya y Papelera Nervión; uno manipulado y otro que quiere leer errónea y equivocadamente, pues figura pagado y aprobado con posterioridad a mis peticiones y sucesivas quejas; Goya tendrá un divertido post individual), nada demuestran al respecto, mas bien indican lo contrario. Los restantes, que se relatarán, refuerzan la misma evidencia, pero los ignora. El inicial de la carpintería, que aquí narro, muestra descarnada su errónea aseveración, pero lo ignora. Los presupuestos en torno a las fechas de agosto-septiembre muestran también la responsabilidad del museo en los retrasos, pero los ignora. Otros posteriores, como los ocho cascos y moto, serán ignorados e incluso reinterpretados a necesidad. Incluso existen presupuestos con años de retraso, aun no aprobados, que también necesita ignorar. Queda aquí probado el de Carpintería; iremos pelando todos los demás. (Antes a esta suspensión -la cuarta que el museo genera-, se aportan documentos sobre otras que la juez, distraída, ignora).

(En honor a la verdad debo hacer una salvedad. En junio, en vorágine de retraso, el artista envía un comunicado a maquetación. Dice literalmente: No estoy acostumbrado a notar rapidez en el museo. Es de agradecer que haya alguien que ame su trabajo o se hace responsable de él. En una semana habíamos solucionado ambos el inicial diseño del catálogo. Pero eso, resultó pan de otro prado. Volvamos a jueza y subdirección)

Señalar los evidentes y probados descuidos y negligencias, implicaba reconocer automáticamente el retraso de la exposición por el Museo, retraso que tuvo que ejecutar por su imprevisión, y generó su encadenamiento absurdo de otros tantos hasta el tiempo de la suspensión. También mostraría una pequeña parte de los numerosos gastos añadidos en forma infame, en su fraudulento cálculo de desviación. Hubiese tenido entonces que señalar la hipócrita y servil prensa, el nuevo cálculo que el museo hubiese ofrecido: ¡Morquillas pide 20.000! ¡o 10.000! ¡o 1 euro!. O incluso: ¡Suspendemos la exposición porque Morquillas no ha traspasado el presupuesto!, como demostraré cuando hable de los presupuestos (contrariamente a su fabulación, nunca he pedido dinero alguno: es miserable ataque del museo). Quizás por ello no quiso o pudo verlo. No tienen otro sentido estas extrañas consideraciones y ocultamientos, salvo celar la desatención del museo a proveedores y disociarlo de su responsabilidad en el retraso de fecha que tuvo que ejecutar. Pero las pruebas a que alude, las cuales no analiza ni argumenta ni detalla ni cuestiona, están ahí, son simple e incuestionablemente rotundas. Las iremos detallando.

Apreciamos que todo es ley-rodillo que in-comprensiblemente y por motivos in-consecuentes se ha pasado sobre el Artista. Debe existir algo que más allá de testimonios y documentos, únicas pruebas presentados a juicio por las partes, permita señalar lo contrario. ¿Alguna pitonisa, mago, subdirector de Museo, borracho profesional o político posee la respuesta? ¿Existe algún interesado código deontológico oculto o pactado que permita tal pronunciamiento?

La sentencia parece advertir y precisarnos la máxima que por encima de toda verdad y evidencia, el gobierno usa y obtiene en cualquier modo: hay cosas que no pueden ser y además son imposibles. Pero todo gobierno inteligente, debiera advertir también que los costes de la represión pueden quedarle muy pequeños y obsoletos, invertir pesas y medidas en su balanza, sean livianas. Si Grosz ajustó cuentas, más aun podemos hacerlo ahora, especialmente quien haya contemplado y comprendido variados modelos de corrupción y fraude tras aquella experiencia. El olvido y el entierro –contrariamente a política- no existen en arte, por ello también señalé y necesité hablar de sus sicarios y pistolas. En tiempos medievales, el poder defendía sus privilegios individuales por la fuerza bruta. En democracias corruptas, que ven al ciudadano como súbdito y enemigo de su oportunidad ilícita, se defiende con dinero público y se tapa y oculta con más dinero público. Sin él resultarían nada. Vulgares miniaturas mediocres, sirviendo a todos y cualquiera al objeto de proteger su débil y rústica posición.

¡Que venga Franco y lo vea!, diría Umbral. ¡Qué salga del batzoki y lo vea!, puntualizo yo a los silenciosos espectadores oyentes de la nueva plaza de Oriente.

En este modo desapareció la venda que suele ponerse la estatua de la Justicia en ocasiones desapegadas del poder: el 30 de febrero y los domingos.


Pese a no ignorar que posee en su archivo personal casos similares, planteamos aquí al comisario Patxi, uno de los mas difíciles de su carrera. Desde nuestro modesto, pero eficaz y sabio púlpito, juzgamos imposible su resolución.

Preguntas al comisario Patxi:
¿Ha sido depositada en sus cajones la manoseada venda de la estatua de la justicia?
¿La habrá sustraído algún vidente para aturdir su ceguera?
¿Ha desaparecido definitivamente o ha sido alquilada de nuevo?
¿Habrá tela de que cortar para hacerse un par de trajes?
¿Estará en el Caribe con Curro o en Marbella con el Tempranillo?
¿Están operando nuevamente la telilla de las corruptas cataratas?
¿Hacia donde deben dirigirse las pesquisas?
¿No debiera exigir a su ahijado Museo que muestre preocupación por la mutilación de las estatuas de nuestro patrimonio?
¿Encargarán su reposición rauda a artista obediente, neutro, amanerado o socialista?

Cuente conmigo para su restauración. Resulta fácil si campo y clima son libres y abiertos: se regenera sola. Gratis, en breve instante. Entre otros muchos, poseo diplomas de todo lo anterior; estaban –como es rutinario a socialismo- entre los pliegues de la venda. Espero no signifique esta circunstancia problema u obstáculo alguno para alcanzar su favor. Cuente también con todo mi silencio: andará por sitio lejano alguno, vecino a la cláusula 10 que pretendía exigirme. Pero evítese problema de temor, señale ya a sus amados voceros y elegantes sancionadores homologados compulsivos, comiencen desde ya a divulgar mis innumerables retrasos y mis inmensas y continuas exigencias económicas. Tríplice esta vez lo que inventaron cuatrotanto; situar los mismos, mostraría la débil y estulta escasez de su crueldad: nada añadiría a lo que hasta ahora han hecho. Después, nueva ocasión, repita, encargue nuevo robo de la venda, pero esta vez a modo y gente inteligente. Como enseña el cóctel patrimonio de Sabino e Indalecio: con más abundante hielo para ocultar y hacer naufragar el banal trapo a más profundidad.

15/11/09

Colaboracionistas


Morquillas. Infografía. (La imagen corresponde al primer boceto para la portada del catálogo de la exposición L´Air du Temps. Recogió después restos y pecios navales de secano y diversas basuras orgánicas e inorgánicas. Quizás no gustó mucho. Lo siento; variará mucho más allá de la preventiva imaginación museística. Gracias por presentarme a las Musas locales).

Sobrepasando lo comunicado en anterior ocasión, han intentado hoy cambiar mi contraseña de acceso al blog. ¿Será un socialista simple? ¿Será un paje del PNV? ¿Será simplemente un perro astuto? ¿Serán tan peligrosas la información o las ideas cuando –excediendo su enunciado- pretenden aplicación directa en el tablero de juego?

Publica hoy El Correo Español (15-11-09) un artículo editorial que llama Pobre Cultura. Coincido con el título; mas por diferente motivo y suceder. Ese viento helado que aprecia, corría también en veranos cálidos y opulentos, pero el vocero de apariencia y temporal utilidad socialista, como ahora, siempre veraneó en ultramar oreada. Teatral prevención que, a luz de la información poseída, muestra fraudulenta inaceptables palabras escenográficas cuyo uso debiera repudiar pues no le atañen: democratizar la cultura. Más aun si no puede ir más allá de dar relevancia breve a ideas sin aplicación posible, si carece de pensamiento ajeno a lo replicante, si encuentra beneficio o expectativa publicitaria en horizonte, si engalana halago sobre langosta prestamista, si abreva en disponible surtidor oficial, si obtiene y disfruta neutralidad académica. ¡Salvad a los niños vascos!.

Toca al final -el presunto vendedor pragmático- la imaginación; ¡que osadía fácil en país autocomprado!. Debe entenderse en la suya, subliminal y redundante apoyo a la corrupción. Pues esta, más que ningún otro oficio anómalo, necesita de escritura silenciada, y si ello no es posible, figurada. Así resulta que en palabra ambigua y cobarde, cumple ambos requisitos. Calla y otorga. Por esta virtud despreciable, obligado en cama, se muestra abanderado del recurso a la imaginación imaginada. En consonancia a manta compartida, propugna y exige a los gestores ... imaginación. ¿De que tipo?. Leo correctamente: no vuelva a ocurrir censura tan estúpidamente maquinada, tan cutremente manejada, tan fraudulentamente presentada, tan espesamente aceptada; háganlo mejor. Estamos de acuerdo en la estrategia, pero señálenlo -señalen- nítido al Gobierno y sus corruptos, nunca equívocos al educado e indefenso público que siquiera sabe ya la utilidad de su prensa frente al ano.

12/11/09

SPQR. Fraude procesal (impar y par, rojo y negro, corto y pasa; versión pedagógica)


Morquillas. "Autotómico". Pablo Milicua al trabajo. (Todas las fotos de esta pieza son de Miguel Quintas)

He advertido de nuevo en mi comunicación a Internet y correo, diferentes alteraciones. Dirección IP, pila, reinicios, nuevas necesidades... Solucionado de momento. También poco después de la presentación de su demanda advertí problemas similares. ¿Será el azar u otro dios más mensurable?. Si este segundo es el artífice, le comunico que seguiré escribiendo desde otra máquina. Ruego por ello, me permitan una ligera comodidad. No incidan en crueldad inútil y estúpida.
Absolutamente todo lo señalado –en este y otros textos- está contenido en las pruebas aportadas por ambas partes. Su inclusión o referencia continua harían muy aburrida y difícil la lectura. Si alguna institución cultural, jurídica o persona sin interés de juego amanerado las solicita, están disponibles.

Hacia el 12 de Marzo de 2007, el Museo se ve obligado a una nueva maquinación (en un par de días, se contará otra también gravísima del año anterior que igualmente encuentra connivencia legal). Para su objetivo de suspender la exposición, necesita a toda costa obtener cualquier documento que pueda contener una forma de autoinculpación mía. Está en marcha ya la conspiración como se relatará en capítulo oportuno. El Museo necesita hacer aparecer un falso documento y vincularlo al Acuerdo. Únicamente eso posibilita que pueda presentar su demanda. Sin él está atado de pies y manos: nada se ha incumplido, nada puede iniciar. Pretendía la existencia de un proyecto mío vinculado al Acuerdo, el cual yo habría variado.

Con anterioridad al Acuerdo Artista-Museo (15 noviembre 2004), el Museo había establecido otro contrato con Iñigo Sarriugarte al mismo objetivo de la exposición, y expresamente realizado a objetivo de su seguimiento y redacción de informes. Resultó Comisario. Así había redactado ya Iñigo varios. El Comisario, siempre dispuesto a realizar informes, es rechazado y desechado, no sirve a su objetivo. La sentencia también rechaza esta clara atribución de funciones. La juez ignora este detalle capital. Así, insultantemente, reducen al Comisario a ser adorno que el Museo paga con dinero público y al cual no quieren exigir el cumplimiento de las funciones que el propio museo se ha exigido por contrato (¿algún funcionario exigirá responsabilidades al museo por esta dejación pública? Por supuesto que no, no lo permite su ley). Desgraciadamente para el Museo, tal petición lógica además de obligarle a continuar sin dilación la exposición, perturbaba y excluía radicalmente su objetivo único: la eliminación.

El Museo, que habitualmente le encomendaba labor similar, me lo pide a mí (12 de marzo 2007). Sólo pueden obtener utilidad en que sea yo mismo quien por error o buena fe se inculpe estúpidamente en un hecho inexistente. Unilateralmente, lo exige tardío como condición inevitable para proveer los materiales que hace meses le había pedido. Tardó meses en encontrar argumento tan simple. Aunque es posible que la decisión no lo fuese, quizás lo encontraron antes y todavía no estaba redondeada su falsificación en ámbitos necesarios.

Siendo yo quien siempre toma las iniciativas -el museo no trabaja ni lee ni está interesado en ellas-, resulta extraño el concepto de reciprocidad que otorga y abraza la sentencia. Pretende sostener sin explicación alguna, que si yo señalo al museo su obligación este puede rechazarla, si es al revés, sea ficción tardía y aun sin vínculo al Acuerdo y al desarrollo de la muestra, no puedo rechazarla (mas tarde se verá como la juez llega a ignorar conscientemente peticiones inconstitucionales del Museo, y al tiempo pretende de mi su cumplimiento). Pero correctamente yo pido al museo que cumpla su parte del Acuerdo, y el inventor Museo, meses después, condiciona su aprobación a obligación diferente a lo acordado y lo exige a la persona inapropiada. La juez acepta esta anómala situación como reciprocidad justa sin contemplar ni señalar su completa desatención, sólo la supuesta mía.

Resulta claro que el documento exigido carecía para el museo de interés y utilidad alguna al desarrollo de la muestra. Tenía otros fines. Su necesidad no pretendía principalmente listados o relación de obras. Tras comunicados e informaciones del año anterior, estos habían sido listados y entregados por el artista el 16 de enero. Tampoco pretendía precisar los costes de los materiales. Habían sido entregados y detallados también en Enero por el proveedor (press definitivo).
Meses más tarde, contraviniendo nueva y expresamente la cínica descripción del subdirector Bakedano de su inmediatez -nada más que los proveedores me llaman doy la aprobación- (falsa frase que la juez, extrañamente a las pruebas y pese a que el propio museo se autoinculpa de ello, pretende considerar veraz, y sin dudar determina aprobadas y cumplidas todas sus improvisiones y retrasos, aun no existiendo otros: su retraso de siete meses para montaje del taller del que nos ocuparemos en breve, todos los numerosos que se relatarán y probarán en otro punto, e incluso varios aun pendientes de aprobación al día que esto escribo), sólo están interesados, a efectos de su estrategia, en que detalle presuntos cambios habidos con relación a un inexistente documento anterior. Resultó así exigencia peregrina: me pedían -por poner ejemplo claro- que pese a que como señala mi carné nací en Baracaldo en 1947, explicase porqué nací en Roma en fecha del Acuerdo. Pero aun, incluso el documento falso, sin esa última precisión de fecha inexistente, les rebotaba: apenas nada les servía a nada. En algún modo tenía que intervenir el juzgado.

El Artista había entregado numerosos informes y proyectos -adjuntados en diferentes pruebas-, desde el origen de la exposición en 2001-2 hasta su cesación en 2007. En ellos se apreciaban diversas suspensiones del museo; en uno de los cuales, posterior al Acuerdo, este me llega a agradecer su aceptación. La juez no considera nada ni ninguno. Parece ser que juzga correcta también esta actuación. Contrario a lo que pretende señalar, se desprende de su desconsideración que en un contrato, sea verbal o escrito, sólo una de las partes puede exigir al otro cumplimiento; siendo en este caso el museo el privilegiado y gobernante. Se traiciona y tapa con ello el destino público de la muestra, negando erróneamente la lógica evolución del trabajo del artista e ignorando al tiempo la desviada gestión del dinero público (no debe olvidarse que el artista no trabaja para el museo, como posteriormente pretenderá justificar implícito el tribunal y que el fin último del trabajo de ambos se proyecta y sitúa en la sociedad, no en la Institución). El Artista llega incluso a manifestar en documento, como es consustancial y lógico a todo trabajo creativo, que podrán existir cambios hasta el día anterior a su inauguración. ¿Por qué el Museo no suspendió la exposición ante definición tan radical?. Porque además de mostrarse con ello reaccionario a su obligación, no existía aun posibilidad de construir desviación presupuestaria ni documento manipulado y falso alguno que lo permitiese. La sentencia, como se verá, va aun más allá: pretende que debemos obedecer ciegamente al estado o al gobierno (los que inicuamente defienden, soportan y presentan la demanda, no piensen ingenuamente sólo en el museo), más allá incluso que al contrato firmado o a la propia Constitución.

Les pido me digan a que documento o informe se refieren: ¿a uno de 2001, de 2002, de 2003, de 2004?: les informo que no existe ninguno vinculado al Acuerdo. De nada sirve, se empeñan en señalar que mi DNI es falso, que soy romano y debo probarlo para que los materiales que obligadamente deben entregarme, para poder finalizar las ocho esculturas-instalación únicamente pendientes de ese remate, me sean entregados. Iñigo se ofrece de nuevo a realizarlo. Pero pese a ser su competencia, siempre es rechazado (véase contradicción más adelante). No serviría a su objetivo, sino a todo lo contrario. Les obligaría a continuar sin retraso la exposición.

Hay numerosos y diversos informes míos sobre los contenidos de la exposición, pero todos están fechados. Poseen fechas anteriores y posteriores al propósito de su necesidad o han sido enviados por mail con precisa descripción de fecha. No podían por tanto manipular ninguno de ellos. Todos ellos eran documentos al servicio de la exposición, no a los ocultos intereses del Museo. Seguían pues indefectiblemente obligados a intentar por cualquier medio que demostrase que nací en Roma y sobre todo en la fecha que exigían.

Iñigo, como vinculaba y atribuía su contrato, seguía ofreciéndose y seguía siendo rechazado. A finales, casi al borde de la suspensión, presenté un listado más sobre el estado actual de la exposición (agazapados parecía que habían desistido ya de su propósito). El Comisario, breves días después, entrega un nuevo informe que -salvando los currículos- no es sino copia exacta y literal del mío. Ninguno de los dos reflejaba expresamente -siquiera tácita-, como pedía el museo, los cambios habidos con relación a un presunto e inexistente documento anterior, ninguno precisaba pues paisanaje romano ni fecha falsas. No podían hacerlo, pues eran imaginarias. Eran, como era habitual, meros y amplios listados de obras.

Sólo tres cosas diferenciaban ambas relaciones. El mío adosaba fecha, el de Iñigo fue entregado por él, el mío no incorporaba currículo y dossier del Comisario o mío, el suyo si. La tercera resultaba sorprendente a pretensiones del Museo: por fin había desistido de exigírmelo a mí y lo había solicitado correctamente al Comisario.

Absurda y curiosamente, el Museo, que no pudo aceptar ninguno de los míos, aceptó el de Iñigo, pese a que tampoco este señalaba cambios o desviaciones respecto al presunto anterior inexistente. Pero algo faltaba aun para completar la operación. Señalar que fue entregado por el Comisario no les era oportuno, desmontaba sus manejos y mostraba su estulticia. A esta altura, evidenciaría su profunda estupidez. El Museo, consciente y falsamente, señala en la demanda que el documento es mío y, consciente y falsamente, que por mí fue entregado. Ya de por sí, esto mostraría su inconexión y artimaña al no aceptar el realmente mío, exactamente igual y entregado días antes como ha quedado señalado. ¿Por qué entonces no pudo aceptar aquel lejano que entregué ya en Enero, antes de su petición y con similar relato de contenidos y obras?. La juez tampoco quiere verlo. Así fui transformado por voluntad y doblez del Museo en ciudadano romano y se me atribuyó en sus ficheros fecha y hora de nacimiento a conveniencia, pese a que ninguno de los presentados, ni el de Iñigo ni el mío, referían cambios ni nacimientos ni relataban fecha natalicia alguna. A la juez parece serle suficiente el relato del invento del Museo y desestima e ignora toda prueba (léase la sentencia, donde los fundamentos de derecho, recogen casi íntegra y literalmente toda la demanda del museo, sin cotejo ni verificación probatoria alguna). Pese a no señalarse fechas ni cambios exigidos, en alianza indescrita e indescriptible con el Museo, presume, ve y considera que las hay. Contrariamente, de todos los hechos narrados existen documento y testimonio que prueban lo opuesto.

Quedan un par de asuntos que añaden rotunda falsedad y definitiva estridencia a todos los papeles. Entremos con el suave. El primero habita al interior de los currículos que el Comisario añadía: el suyo y el mío. Si bien este último contenía diversos errores más o menos sustanciales, que yo, por conocer mi historia difícilmente podía cometer, el profundo error de destino y dirección se alojaba en el detallado currículo del Comisario. Este, al igual que el que el Museo presenta falsamente atribuido a mí y en fecha del Acuerdo -al cual copia y repite-, estaba detallado al extremo de incluir acciones académicas pendientes o en curso de realización. El Museo que continua y falsamente ha procurado y necesitado presentar una imagen mía asociada al descuido y la desatención (majaderamente recogida por su benefactora prensa, mostrando una vez mas desconocimiento de la cultura y de sus conceptos y procesos, y sometimiento cánido a las ordenes dictadas), parece pretender ahora –inconsciente- una personalidad rayana en la completa perfección y cuidado, capaz de albergar incluso retazos de futuro. ¿En qué quedamos?. Salvo para poder dictatorial y autoritario, uno no puede ser alto y bajo al mismo tiempo.

Si bien todo carecía de argumento alguno, soñaron despiertos encontrar en tercero aceptación de lo inexistente. Estaban obligados por necesidad: no habían llegado a nada sólido. Nada había y algo tenían que presentar para hacer posible el inicio de su demanda, algo –aun fuese doblemente fraudulento- que pudiese vincularse simuladamente a un hipotético incumplimiento de contrato y que a tal efecto resultase a alguien indicio de recibo. Buscaban que alguien diese alta a tan miserable asunto. Pero aun faltaba el clímax de la obra.

El día 28 de mayo de 2009, día del juicio, ante aquel foro, el Comisario con su honrada e indudable presencia de senador romano, comunicó a la juez rotundo y claro que los documentos eran de su mano. No fue ni pudo ser por tanto redactada, entregada o firmada por el propio Artista (obedeció tal redacción a tiempo concreto -ocho meses más tarde- de búsqueda de exportación al objeto de compartir financiación). Demostrose al fin por tanto, fuera de toda duda, que no era romano el Artista ni nació en la fecha que el Museo pretendía señalar. El definitivo olor de la victoria se extendió por la sala. Debió caer por ello en ese instante el telón de la obra Fraude Procesal, pero la magistrada estaba contemplando otra función.

Así fue como convirtieron al artista de Barakaldo -de Arrandi de toda la vida y nacido en casa-, en ciudadano romano. De saber que converso italiano, podían haber comenzado y finalizado ahí. De este asunto queda algo útil: ahora celebro dos cumpleaños y espero dos regalos. También he adquirido el profundo conocimiento que nadie debiera robar bancos con gentes similares, les pillará cualquier policía tonta a la vuelta del envés; la lista, meses antes de comprar el lápiz. También, en ley y derecho, recuerdo a mi hija y comprendo porqué muchos soñadores o idealistas abandonan esa bella profesión.

[Mientras PNV y PSE sean taquilleros nos cambiarán la función a conveniencia; sólo podremos asistir y apreciar la deseada y correcta cuando todo salga del control de esa mafia. Eso se intentará, aun sabiendo que tratarán de impedirlo a cualquier precio. Saben que neciamente se han jugado 1000 veces lo que antes era calderilla. Si aprecian necesario recurrir a sicario, vayan informándole; no ignoro que ningún gobierno puede permitir exhibir a tal extremo la completa desnudez de su corrupción]

Preguntas al policía Patxi López:
¿acaso no poseía el Museo relación de las obras?
¿acaso no envía el proveedor relación y detalle de esos gastos?
¿por qué la juez ve necesaria para el cálculo la presentación del falso informe, cuando el propio proveedor envía un plan definitivo que incluye tal cálculo detallado?
¿No existe meritorio o subdirector en el museo que sepa realizar innecesarios cálculos?
¿por qué el propio Museo y su partido insultan y definen a sus colegas?
¿por qué ultrajan y desprecian toda inteligencia social?
¿por qué la juez no considera prueba y testimonio?
¿carece su partido de gente inteligente, para verse reducido a girar nocturno señales y carteles y encontrar DGT plástica y frívola?
¿por qué permite y admite tal insulto a su presunta y dudosa excelencia?
¿cree realmente que el polo sur es el polo norte?
¿cree que nos estamos chupando el polo?

En próximos capítulos seguiremos hacia el lejano Polo Central.

09/11/09

El museo, exhumación de otarios socialistas.


Morquillas. "Autotómico". Itziar Elejalde a punto de estallar su vaso


El gobierno y sus políticos ejercen, aplauden y también pagan el terrorismo cultural. Saben que podrán comprar jueces que sin tapujo ni peligro alguno, literales, llamarán elefantes a nadas o sofás, pues la inversión, toda vuelta, es asilo garantizado. Distingue además que la prensa tapa sus mentiras ante la incierta opinión pública: por abuso de necesidad fue el primero que advirtió residuos de defecación en comisura. Pero lo terrible por revelador es advertir su actual capacidad descarada para presentar sin complejo alguno su propia debilidad como fuerza, mostrando oficialmente con total tosquedad la escasez de su mentira, de su argumentación, de sus falsificaciones y de su manipulación. Alecciona su consideración de la sociedad como sumidero: siquiera Franco o Hitler, fascistas similares de vieja escuela, usaban tamaña cobardía. Los mismos que en sus comisarías dispuestos a golpear esconden o señalan a fingido descubrimiento mano ajena, tardíos o raudos, en el retrete donde ejercen sus labores, reparten dividendos mientras aguardan que la miserable y maloliente sociedad que han consolidado acuda al lugar a reclamar necesidades.
El PNV compró la caseta al perro, el PSE continua pagando la hipoteca. Exilian a interior la basura que acumulan. Toda luz habita lámpara fundida. Pobre Patxi actual, ignora el excremento que le adorna, su nuevo estilo; siquiera Menéndez hubiese realizado trabajo tan soez.

Me da asco escribir estas líneas. Mas allá de constatar la corrupción existente en la Justicia y en la Política, ocurren casos extremos en que los que uno es arrojado a traspasar la normalidad de cualquier lógica constructiva. El asco se acerca omnipresente al renovar sin posible fisura o esperanza el profundo conocimiento, de que las palabras, la razón o el diálogo no sirven a nada. El asco se acerca omnipresente al quedar reducido a conocer que sólo la violencia se muestra capaz de traspasar determinadas circunstancias. En esta ocasión y por caso descrito, asquea escribir contradictorio.

¡Algo habrán hecho!, me repetiré reafirmado definitivo y sólido en cualquier circunstancia excesiva; educado y obligado en ello por corrupción y connivencia ajenas. El control de la justicia por el poder político ha llegado a extremos tan feroces y descarados que nuevamente ha reducido al conocimiento a demostrarse que sólo la oportuna violencia es y será capaz de resolverlos. La debilidad de un sistema que cifra su pervivencia y futuro en permuta y compra no sirve a nada, se perpetua en gesto, aleatoria masturbación de legales y ocultados pederastas consensuados, vistan togas o trajes parlamentarios compulsados. Sin tapujo, sin respuesta, constatando divertido la larga cola de la ventanilla de la venta, el régimen exhibe descarado y orgulloso la debilidad de su diploma bilateral. Obama, el nobel guerrero adocenado y moderado, ante la visión de su incapacidad, lo ha redescubierto hace unos días: la única solución es comprar talibanes. Sabio, acepta con normalidad de beneficio que se maten entre ellos. A más toca, toscos gilipollas generales.

No encuentro ya razón alguna para frenar las mías (por cognición torpe o cierta nadie tardío se atreva a cuestionarlas para mantener sus sueldos). Incluso siquiera cuando tras superar los ámbitos domésticos alcance algo similar a lo que llamé justicia, podré cambiar esta opinión. No admitiré nunca ninguna cínica moralidad de salón, discursos vacíos, democracias fascistas; no me toleraré esperanza alguna; se claramente quienes son los dos únicos interlocutores validos.

¿Quién juzgará cuando el propio juez sea llevado ante el tribunal?, gritaba el viejo y actual Melville. Carece de sentido mantener y repetirse la pregunta, debemos aplaudir toda y cualquier respuesta que no nos arruine la normalidad de la vida. La contención, la autocastración, como siempre, sólo trabaja para conferir estatus social a corrupción y podredumbre. El enemigo puede seguir barajando estupidez, sabe que en la colina -lo que erróneamente llamamos sociedad- otea su futuro lo único que resta: un pobre y harapiento ejercito de mendigos pusilánimes.

Repudio la presunta debilidad que representaba esa visión. Asqueado de una prensa mezquina servil y obediente que sólo puede alcanzar a repetir lo ordenado, mataré la educación que aportó a muchos esa débil cercanía; sólo me compraré a mi mismo y me pagaré con mis ideas. Sigan señalando dramas para esconder cadáveres amigos y teatrales duelos aprendidos. Habitaré sótanos y guaridas donde la conspiración sea definitivamente productiva. Ninguna lágrima o petición de auxilio estúpido me detendrá. Nadie sabrá de mí, sólo de mis actos. No moriré nunca de parásitos ni acumulado de basuras. Quede todo para abono correcto y ajustado de los breves.

Los otros, todos y cualquiera, querido perro, cualquiera que maneje, removerán a oportunidad su desperdicio. Es triste que tras su silencio sólo le quede a usted la posibilidad de la pistola. Siquiera lo que el uso adorna adocenado: puta triste, maricón oculto, político o juez. Obedezca y calle. Siempre. Solo. Demos entrada a inmensos y grandiosos sonidos exteriores.

La inocencia, que tras permitir repudio de todo hábitat de sombra, obliga a enfrentarse a la sinrazón y el autoritarismo, sea este vulgar conjunto de mierda o de Gobierno, Diputación y Ayuntamiento (netos privilegios para ocultar la sarna), siempre estará presente, en uso. Pero esa misma inocencia, que por su integridad nunca debe ni puede valorar suficiente la fascista posibilidad del enemigo de derribar a cualquier precio, posee en el mismo germen la capacidad de construir o destruir mundos. Odiados domadores de perros, habéis olvidado esa cuestión indestructible.

06/11/09

Advenimiento adventicio


Morquillas. 1998. "Autotómico" (arenques, clavos y vasos de vino). Juan Inciarte a punto de lanzar el vaso.
Lo que nunca elimina un partido cuando atraviesa umbrales de poder son paraliminares, torturadores y corruptos. Esos cargos de favores y fervores son cargos de fatiga que nadie quiere trabajar. Pero toda necesidad, aun sin mapa verde, siempre encuentra su camino.

A lo largo de la lectura de los textos que irán apareciendo en el blog se mostrará el deterioro de la vida político cultural en el País Vasco y podrán verificar algunas direcciones de tal anomalía. Podrán apreciar con nitidez suma la enorme tosquedad presente en tal cuestión indeseable. Nada extraño al ser nuestros políticos gentes mediocres carentes del resplandor de la inteligencia o la sensibilidad. Conociendo esos límites, se empeñan con la mayor eficacia posible en desarrollar las técnicas asociadas a sus sistemas de relaciones y consensos, donde sin la defensa o vacuna del talento, la corrupción emerge incólume, libre y sin obstáculo, para repartir a discreción dinero público a los ávidos o futuros posibles a los débiles. Tanto empeño en tantos, dificulta el adecuado control de las censuras y más aun el cuidado de sus formas.

Que el gobierno se vea obligado a admitir y permitir operaciones de corrupción similares sin disimulo ni tapadera culta o eficaz alguna, indica claramente el deterioro de un país y de su actividad política; confirmando a su vez en esa inoperancia, la incapacidad de su eliminación, y desgraciadamente, en demasiados casos, la voluntad y necesidad de mantenerla.

Inicio pues el relato de los contenidos de la demanda y la sentencia, con sus pruebas falsas, sus manipulaciones y alteraciones y el también -cuando menos- extraño crédito que la sentencia concede a cuestiones que pretende no demostradas, cuando incluso el propio museo demuestra tajante, terminante y taxativamente lo contrario en los documentos que él presenta.

No es todo este asunto, de principio a fin, sino un vulgar y cerril atropello. Pero las descuidadas y zafias formas nos advierten que se trata de una obra de arte. Literatura de ficción, por ser exactos. Aparecerán aquí las pruebas sólidas, definitivas e indiciales de tal circunstancia, se mostrará la evidencia de su propósito y aparecerá el final moralizante que se pretende proyectar sobre todo aquel que -en sistema corrupto- pretenda derechos debidos o luche por su normalización y cumplimiento.

El PNV, que con su actitud muestra nítido carecer de toda aptitud, montó y favoreció este pequeño GAL cultural. Quedan aun por establecer algunas cuestiones laterales. Es obvio que el desarrollo majadero de las tramas del asunto, perjudica y perjudicará definitivamente la imagen del Museo y mostrará la ausencia de libertad y criterio en que se mueve o es movida la cultura. No está claro aun si todo el conjunto del aparato del partido ha sido sometido a la ignorancia y la torpeza, o si por el contrario es disposición y estrategia semioculta de la sección más necia del mismo. Debiera ser conocido, si hubiese prensa libre, que la misma consejera nacionalista que ocultó robos que fueron disfrazados de homenaje, prefirió mantener privilegio y corruptela. La notación de algo molesto o pesado debió contener su presunta lucidez: Bilbao es plomo en la balanza del cubil. Es seguro que supiese lo que hacía y sus porques, pero no quiso o pudo discernir los daños que se arrojaban sobre su conserjería. Se negó a ventilar las destrezas de sus departamentos y permitió la expansión del moho y el hedor sobre lo que debiera cuidar: la cultura. El museo de Bellas Artes de Bilbao se recalificó así en Museo Nacionalista de las Derechas, de las Torturas Sutiles, de los Despropósitos y demás Propósitos Afines.

Tras ello aparece la transición al PSE, que como toda, deja las cosas como están para evitar el sobresalto: navegue este interior a todo o exterior a nada, de comunión en gasto o protocolo en gesto. Quedan pues también por situar escrupulosamente, los motivos y el regusto que encuentra el PSE en el mantenimiento de los GALES. ¿Será orgullo incorruptible y acerado de su reciente historia? ¿Conexiones aun no disipadas?. Mientras tanto nuestro museo se va deteriorando y la manta no alcanza a ocultar su menoscabo.

En fin, se trata, si el tiempo o los partidos señalados no lo impiden, de buscar el presunto cadáver que la sentencia pretende señalar. Se aclarará que no encontraremos al extinto, que no aparece ni colea. ¿Por qué?. No estaba muerto, estaba tomando cañas.

04/06/09

El Museo. Sobredosis (placebo, exploración superficial). Bolsa intencionadamente buscada por sugerencia pública.

Ayer convidé a Torcuato... Me dejé la pasta en casa (olvido; no previsión), no pagué ni una. Estábamos varios. Alguien comentó: Nada excesivo has señalado todavía. Tras pensar, volví a pensar: ¿estaba equivocando la estrategia? (sepa el lector que no es su aparición en blog, el único objetivo de estas líneas). Dormí bien (suelo en ocasión revuelta, batirme en las ideas hasta sudar en otras), por tanto no a lugar a inconsecuencias. Afino lateral: debilidad afectiva, aliñada en coquetería, morbo (no gálico) y residuos de etnocentrismo secular.

Esperaban –esperan- en cola, un listado de bolsas útil a naufragios basureros, una cronología advenediza a dorso y torso, y la Bolsa 2 (Técnicas de seducción 1, sección blanda). Esta, se ha privilegiado en madrugar. Primera en fila.

Tampoco me extiendo en Sobredosis demasía, carga metadona. Gestual, la abro, ojeo y narro sin profundizar abismos. Todo sea por el pique, o indulgencia de no pagar la ronda. Además otros problemas se avistan y descentran la atención: el seguro, insensible, colateral ataca; tengo que destinar el otro ojo a esas cerillas.

Punto y seguido, vayamos por punto. Solo hay uno ahora. El museo basó su iniciativa y su demanda en un Acuerdo que ambos firmamos en 15-11-2004; ¡por fin!, tras suspensiones suyas y eternas presiones mías. Dos páginas de contrato, con siete estipulaciones vulgares firmadas por ambas partes. ¿Cómo complicar este contrato a conveniencia?. El Museo halló la formula: añadió falsamente al mismo, años después, a necesidad simulada a la demanda, un dosier redactado 8 meses más tarde por persona ajena, sin firmar, con error de fecha, bailándola. Mintió que era mío y adosado. ¿Qué importaba esto a quien pretende, sabe o cree controlar la orquesta?. El extenso y divertido resto vinculado a este trabajo, se profundizará otro día (casi 8 bolsas); baste decir que el redactor del mismo, incluyendo extensamente su currículo, añadió en él actividades de futuro ¿Cómo conocer el futuro del vecino? ¿dónde morirá mañana? Sólo un partido o gobierno inteligente puede averiguarlo. Y así lo hizo y presentó su extensión Museo (¿Cómo entender que Ibarretxe o Azkarate –conocedores ambos, entre otros- se dejasen añadir ajeno, insectado y sucio cerumen a la oreja? Afilo el rascador; devolveré la cera a los panales del partido, envuelta en sus pañales).

La cuestión fue que, el Comisario reconoció su texto y en segundos –tras media porción de vómito: orfandad de su tesis de incumplimiento de contrato-, el museo, con diferente discreción a la usada para añadir el falso documento, retiró circunspecto a todos sus testigos (el otro globo y la otra tesis son los surrealistas Presupuestos, que pincharé cuando tropiece en gana y alfiler). El emperador quedó desnudo. No sólo por ello huyo el pájaro, también temor a sol y lluvia. Hablaré del tiempo, en seco, cuando retire sombrillas y paraguas.

Me marcho hacia el incendio. De fuego en fuego y tiro porque me toca. Ramón, ¡que dura es la vida del bombero!

01/06/09

El Museo. Día lunático cerrado 1. El mingitorio de Pilatos.






Hace más de dos meses solicité una beca a la BBK.

Con inconsciente coherencia peligrosa, la Fundación BBK inició la concesión de ayudas a artistas censurados; presuntamente, para aliviar estúpida decapitación. La coherencia loable, obvio es señalarlo, consiste en reparar el daño que toda censura ejerce, no sólo sobre artista o ideas, sino en la proyección general del trabajo y su repercusión. La Caja, en sintonía con su autoridad social, elimina la muerte del artista, del arte por extensión; actitud intrépida, incluso excelsa. El peligro -audaz- de tamaña decisión y circunstancia, queda alojado en posible deterioro que dicha medida podría generar sobre futuras expectativas económicas. Imaginen que cacique local o esclavista de ultramar, afectados por el señalamiento que la re-presentación del artista y sus materiales censurados, retiran el saldo que prósperas empresas o trapicheos destinaban a acelerar la movilidad de los activos del cajón. Pocas mejillas opuestas suelen ofrecerse en las instituciones financieras, lo que a luz de la actuación y posibilidad descrita, engrandece el gesto de nuestro calcetín social local.

Pero, pasado el tiempo, no me han contestado todavía. ¿Habrá algún truco? Es lógico pensar que preclaras mentes que mueven el dinero, conozcan y sepan, pues informaciones leen, que el maldito asunto de la censura, desgraciadamente, se extiende por descampados y sótanos, igualito que el dinero, por amarillos y negros, tanto o más igualitos que el dinero. Me niego a comprender que no comprenden. No parece virtuoso que, tomada la medida, institución seria como nuestra BBK, reduzca compatibilidad disponible a horario de oficina, de 10 a 12, o a derecho compulsado por implantación de sucursal entre los paralelos 41 y 38. Algún estudio previo habrá sobre dividendo de ese mal de la apariencia, sobre inexistencia o excelencia real de beneficio o daño, que campaña publicitaria tal, de patente y tipo occidental, soporte ante presunta falta de moneda de la tribu de adopción. El último artista salvado por la oportuna beca, era de la Republica Democrática de Congo. ¿Será que no soy negro, aunque refrán castizo lo señale? ¿Será que la censura es patrimonio único o herencia intrínseca de destino excolonial o ajeno? ¿Será que nuestro país de boinas y caudillos admite variación excepcional? ¿Será –pos micción- olvido de secado tras lavado perpetuo de la piel que oculta las falanges?
Les tendré al corriente.

Datos personales