23/03/10

¡Al Abordaje!. Cuadernas de prevaricación y pino.

Pese a que según la juez, la documental aportada prueba mi culpa en los retrasos, contrariamente a los aportados por el artista, no hay sobre este asunto documento alguno aportado por el Museo. Ambos lo dejan oculto y tapado.

El 12 de enero de 2006, como señaló y comunicó el testigo afectado -con dos hojas de fax fechadas-, la carpintería envía presupuesto al Museo. Incomprensiblemente y sin explicación alguna, no es pagado ni aprobado, ni se manifestó objeción alguna, ni se comunicó nada al artista. El Museo, unilateralmente, desatiende e ignora sus obligaciones y muestra con ello la completa transgresión de la estipulación segunda del Acuerdo. El 17 de agosto 2006, tras nuevo envío de presupuesto por la carpintería, a nueva petición urgente del artista (su doc 38), supuestamente, el Museo lo acepta siete meses después. Nunca fue comunicado al Artista hasta el 29 de septiembre (su doc 9). Pese a ello, y por propia iniciativa, el artista accede desde el 15 de Agosto a diversos materiales del proveedor; a pesar del desinterés del Museo en ella, la exposición debe continuar.

Su falta de aprobación al proveedor supuso un retraso inicial de siete meses sobre las fechas previstas para su inauguración (el Museo, tras su último cambio unilateral de la fecha que había establecido en el Acuerdo -doc 4-, volvió a fijarla nuevamente para Noviembre de 2006. Tras este su cuarto retraso de la muestra, su falta de aprobación al proveedor, generará un quinto). Al igual que las continuas y numerosas peticiones de aprobación de otros presupuestos reflejadas en numerosos documentos, la Carpintería, es también desestimada por el Museo sin razón ni motivo alguno. Repetidamente, el artista volverá a solicitar a proveedores el envío de nuevos presupuestos a la institución, pese a ello, esta continuará ignorándolos. Todo ello condujo al artista a observar que, aun trabajando 15 horas al día, el tiempo disponible hasta la inauguración resultaba escaso y peligrosamente ajustado a la nueva fecha que el Museo había cambiado. El Museo en ningún momento consideró tal hecho, carecía de toda implicación o atención a su trabajo. Por ello, el 6 de septiembre (doc), Morquillas envía un correo al museo, advirtiendo que los problemas con proveedores aconsejan retrasar la exposición. Importante e imprescindible señalar que aun tras mi envío y como el propio museo reconocerá posteriormente el 19 de septiembre (doc) aun siguen sin estar aprobados varios proveedores, lo que impide totalmente la marcha del trabajo. La juez ignora completamente esta obviedad que además de retrasar la exposición y la obra, impide objetivamente dar continuidad a los trabajos. Parece pensar que el artista, nada necesita para realizar la obra.

¿Como se comporta la juez ante ello?. La prevaricadora, tras apreciarse que oculta el incumplimiento del Museo en Enero de 2006 en su obligación de atender al proveedor Carpintería, ignora que esto supone un retraso definitivo del tiempo disponible para la elaboración de las obras, pues tal retraso en la aprobación lo redujo a dos meses y medio. Pese a ello, tras señalar incongruente el retraso de seis (sic) meses y con ello poder elucidar y sentenciar que tal retraso obligaba al Museo a retrasar la exposición, incoherente y ladina, no lo considera en modo alguno. Contrariamente y pese a carecer de relación, pretende servirse intencionadamente de ello para señalar absurda e incongruentemente, que tras su elaboración por el carpintero el artista debió recoger los materiales en Marzo 2007, que no hizo tal y que ello es prueba de desatención. Pretende en la sentencia, pese a ser innecesario y gravoso, que debo hacer un trasvase de todos los materiales a mi estudio, o sea que multiplique innecesariamente gastos con tal capricho. Ello sólo muestra un profundo desconocimiento de los procesos artístico, una desconsideración de las descripciones y planos de los espacios que se adjuntan en pruebas, y una precisa intención de culpabilizar al artista a pesar de la rotunda lógica subyacente a tal operación. Es normal, habitual y rutinario que los materiales permanezcan almacenados en el proveedor hasta que no necesiten ser manipulados. Evita gastos. Así ocurre con muchos otros proveedores, en los cuales, partes y materiales siguen aun almacenados a la espera de trasladarlos finalmente al museo para su montaje la última o últimas semanas. Evita ello el posible daño o suciedad de las obras y sus innecesarias necesidades de movimiento (algunas pesaban mas de 300 kilos). Pese a ignorar tal práctica habitual y lógica que utiliza inversamente, se muestra más definitiva aun en su nula atención a las grandes medidas de las obras y a su comparación con el pequeño espacio del estudio. Tal medida pretendida por la juez, además de atípica y ruinosa por aumentar los gastos de transporte y manipulación, resultaba imposible, pues como todo el mundo sabe es del todo imposible alojar un elefante en una caja de cerillas. Tal medida propuesta por la juez, sólo aumentaría y duplicaría innecesariamente los gastos de transporte y manipulación (grúas, camión y personal) y exigiría un nuevo espacio de almacenamiento. Toda lógica tiene unos condicionantes que no se deben traspasar. Quizás pretendía la juez con ello, sea intuitiva, colaborar al aumento fraudulento de la desviación presupuestaria. Tras esa afirmación, se muestra a la juez navegando por terreno desconocido y equívoco y aumentando gastos innecesarios, en su afán de buscar alternativas malignas que exonerasen al Museo. Al estudio se trasladó lo posible: un par de estructuras pequeñas que sirviesen como modelo de aproximación a lo disponible. Mas no nos desviemos del tema que nos ocupa, ya trataremos más extensamente en otra ocasión su profundo desconocimiento de los trabajos y materiales artísticos. Volvamos a la desatención al proveedor.

Volviendo al tema, apreciamos que no da para comentar mucho. La culpabilidad del Museo es evidente e incluso la juez refiere tal retraso de meses, mas no aplica consecuencias al hecho: silencia el daño que tal desatención produce y genera. Oculta que tras él, el tiempo disponible para realizar la muestra es prácticamente imposible y si bien se intentó cumplirlo multiplicando trabajo y tiempo, la coincidencia con nuevas y continuas desatenciones a otros proveedores, lo hizo inviable. Resulta pues inconcebible que la juez ignorando este contexto, pretenda dar significado diferente a mi observación y consejo acerca de que los problemas con proveedores aconsejan retrasar la exposición, intentando trasformar la buena fe en solicitud expresa del artista y petición de retraso de la exposición. Desgraciadamente, pese a consideraciones tergiversadas, los hechos descritos son incuestionables y no puede alterarse su sentido y significación: el propio museo reconoce aun mas tardío que no ha aprobado a otros proveedores (doc). Es por tanto y únicamente la falta de aprobación a la Carpintería, lo que arrastra y origina todos los males iniciales descritos. Cualquier otra consideración resulta ceguera u oportunismo escaso.

Ya el 16 de agosto, me quejo de que numerosos proveedores no han sido atendidos y el 28 pido que consideren otro sistema mas ágil de aprobaciones, que el sistema actual funciona lento, hay que agilizarlo o buscar un sistema mas versátil (doc 12). A ello Bakedano responderá a continuación diciendo que aprueba inmediatamente que le llama el proveedor (doc). Pues bien, resulta estrafalario, como la juez analiza¿? tales comunicados. Ignora y oculta que Bakedano, contrariamente a lo señalado por él, se ha retrasado 7 meses en la aprobación y que por tanto su afirmación resulta falsa. Mas allá de ello, parece sentarle muy mal que el artista cuestione la metodología que usa el Museo, que evidentemente sólo ocasiona retraso, y señala que con tal comunicado empiezo a dar problemas. Llega incluso a afirmar en su sentencia que doy problemas desde Enero. Supongo que es error o desatención a la breve y escueta redacción de hechos, pues mis quejas continuas comienzan a partir de julio-agosto. Pensemos que no quiere señalar o decir que nunca debí pedir –como era obligación- a la carpintería que enviasen en Enero presupuestos al Museo (Enero es la fecha coincidente en que según la juez comienzo a dar problemas; subliminal a su intención resulta acertado, pues es fecha en que la Carpintería envía presupuesto al Museo y este desatiende hasta agosto. Mi queja ante tal retraso, es pues realmente un problema, mas solo ante juez y museo dictatoriales. Queja superpuesta a la mía, parece querer indicarnos que todo artista –persona- debiera conocer quien manda realmente).

Para servicio de una u otra cosa, debe siempre prestarse atención a jueces similares (1); antes que mejorar lo necesario, el corrupto sistema enseña que es preferible silenciarlo y dejar que todo languidezca o muera. Palabra o diálogo a nada sirven. Para jueces similares, la exposición, presunto objetivo final de artista, museo y espectador, carece de importancia, no es el eje importante que debe articular el todo, sino mera coartada. Frente a la autoridad autoconstruida resulta insignificante materia utilizable a otros intereses.

Este es el presupuesto desatendido que origina todos los conflictos, gastos y retrasos posteriores que el museo, hasta Marzo del siguiente año, se ve obligado y necesitado de ejecutar y soportar. No resulta nada extraño que la juez lo oculte.

(1) Numerosas gentes me preguntan acerca de la juez. Iñaki Esteban, en El Correo (la frustrada y ruinosa exposición de Morquillas), en comunicado que pese a conocer otras informaciones recoge de nuevo fielmente las tesis del Museo, señala y precisa el nombre de la Jueza: Nerea García Ormaza.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

esta mañana he escuchado en Punto Radio un servicio que te dicen los presupuestos de lo que necesitas totalmente gratis, aqui os dejo el numero al que hay que llamar 902585370

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