23/03/10

Bikar Motor, los 8 jinetes del Apocalipsis y un burro.

Recapitulemos. Estamos en Enero de 2007. Faltan dos meses para la fecha inaugural que el museo había situado nuevamente tras su desatención a proveedores en Agosto del pasado año. Pese a lo señalado por Museo y prensa fiel, nunca Morquillas ha solicitado retraso alguno. La obra quedará finalizada en Marzo (testifical del Comisario, Ayudante y Carpintero) a falta únicamente de los últimos remates con diferentes materiales que el Museo debe proveer y se niega a aprobar. Un mes (doc) es el tiempo previsto por el artista para completar tales inclusiones tras su aprobación y entrega. Tal mes, a su interés, será multiplicado por cuatro en el infame informe sobre la desviación.

Recordemos, aunque ya se relató, que el artista envía en Enero al Museo un Plan Definitivo de la Exposición, donde el museo, dos meses más tarde, pretende la existencia de una obra nueva (doc). Extrañísima declaración de novedad para quien continuamente y desde 2002 ha ido aceptando sin objeciones (salvo la obra del barco exterior con ratas en 2003-2004) ni oposición, ni comunicación alguna, todos los sucesivos y numerosos cambios del proyecto. Recordemos que el Museo, presuntamente para conocer los materiales y necesidades de tal supuesta nueva obra, exige al artista –muy poco imaginativamente- lo ya presentado: la presentación de un Proyecto Definitivo de la Exposición. Recordemos que la exposición estaba prevista por el propio Museo para Marzo, lo cual le muestra, en su dilación y retraso de dos meses en presentar tal surrealista petición, como destructor de las nueva fecha inaugural que él mismo había previsto. ¿A que obedeció tal tardanza calculada? Únicamente a destruir la exposición e impedirla en fechas previstas. Como se verá, no existe otro motivo imaginable.

Recordemos también que el Museo señala una sola obra como novedad (doc) y vincula tal afirmación al documento que fraudulentamente pretende de mi mano y que fue redactado y entregado 9 meses después por su autor: el Comisario (testifical). Pues bien, de la comparación de tales documentos (el Plan Definitivo de la Exposición entregado por el artista en Enero y el falso documento aportado por el Museo, que es en si mismo un probado Fraude procesal), se desprende también la falsedad del relato –¡que no prueba!- de sus afirmaciones. Son más de 15 las diferencias y obras nuevas que pueden apreciarse entre esos documentos, mas la juez no quiere verlas, soporta sin problema ni duda alguna tal incongruente, falsa y capciosa afirmación (incluso mal articulada; de haber señalado las 15 hubiesen favorecido más sus propósitos narrativos).

Dice la juez, repitiendo el chisme del museo, que debido al coste y al desconocimiento de los materiales por el Museo, puede exigirse tal conocimiento; que tal exigencia tiene base para serlo. Veámoslo. Efectivamente podría ser, mas de serlo, no sólo lo sería con los costosos, sino con todos (o hizo bien el Museo en aprobar todo sin objeción alguna tras la vista de los presupuestos, o hizo mal; en cualquier caso toda presumible maldad en tal actitud es responsabilidad de el, pues existiendo un Acuerdo, no puede variar las reglas del juego a conveniencia). Señala la juez, siguiendo siempre el improbado relato del Museo, que el presupuesto de tal obra es un 19% del total de la exposición y que precisamente por ello el museo necesita conocer los materiales de esa obra. Lo primero ofrece falsedad y conflictividad: olvida señalar que tal presupuesto del proveedor contiene materiales de otras obras ya aprobadas que no son novedad (7 esculturas-instalación que llevan cascos; pese a ello, no entregadas por el Museo e inmovilizadas y retenidas hasta la suspensión), y que por tanto el porcentaje asociable a la obra que el Museo pretende nueva, debe reducirse al 13,59%, como debió leer la juez ignorando el ficticio y sobredimensionado relato. ¿Como se correspondería tal actitud al presupuesto de carpintería, que asciende al 34,77% y que no fue cuestionado en modo alguno por el Museo? ¿Cómo olvida que el Museo no puso objeción alguna a tal porcentaje en ocasión anterior? ¿Por qué ahora lo pretende? ¿Cuál es el motivo? ¿Olvida acaso que el artista tiene disponible para materiales un porcentaje del 100% y que el museo no puede interferir en la obra del artista y sus necesidades materiales? Esa es la pregunta clave que debió hacerse y responderse, en vez de pretender afirmar fiel y falsamente que tal obra sobrepasaba el presupuesto (a esta fecha de Enero, como un cotejo simple del absurdo Informe Económico del propio Museo permite ver, había aun suficiente y muy sobrado dinero disponible; siquiera la inclusión de otra obra nueva posterior no cuestionada, la biblioteca de huesos, alcanzará a tocar lo disponible). Mas tras la peregrina coartada, aparece el motivo que el señalamiento del porcentaje pretende justificar: el conocimiento de los materiales. Pese a que la juez recoja ficticia tal real necesidad, olvida e ignora que tal relación de contenidos y materiales pedida por el Museo, obra ya en su poder, exhaustiva y entregada por el propio proveedor dos meses antes (doc). ¿Qué materiales necesita pues conocer? ¿Qué pretendida audacia imprudente permite señalar que pese a conocerlos deben ser conocidos?. Si tal requisito poseyese alguna coherencia ¿no seguiría siendo pertinente la continua exigencia hasta la eternidad, pese a nueva entrega de listado de los contenidos que vuelve a pedir? Mas allá del inventado relato de la juez ¿dónde se aloja su coherencia y su necesidad? ¿A que obedece tal condición absurda y ya cumplida, recogida fielmente por ella?. Se advierte con ello que el Museo nada lee ni atiende y que presumiblemente nada leerá, pues su verdadero interés y objetivo es destruir la exposición, no ayudar a construirla. Esto último debiera ser su obligación como gestor de dineros públicos y no obligar a la juez a defender su necia gestión tras el amparo de una presunta representación pública otorgada, que defrauda y agravia al artista, al espectador y a toda idea y sociedad sensata, inteligente y libre.

Entremos aun más a fondo en tal asunto. Tras el envío por el artista del Plan Definitivo de la Exposición (doc), dos meses después e incorporando con tal dilación nuevo retraso de la exposición, el Museo se niega inicialmente a aprobar los materiales, pese a que ocho de ellos ya figuraban aprobados. Envía también correo al Comisario (doc12) el 9 de marzo, exigiendo como condición la presentación del Proyecto Definitivo ya entregado. El artista, en base al Acuerdo, conmina al Museo el 14 de Marzo a aprobarlos o justificar por escrito el porqué de su negativa (doc 13): los materiales están descritos, el proyecto (plan) ha sido entregado, es obligación del comisario la redacción de informes y para ello lo contrató el Museo, y el artista debe atender a su trabajo. Señala el artista que el momento oportuno para reflejar el estado exacto de la exposición, será a su finalización (doc) (Existirán posteriormente mas cambios sin objeción alguna por el Museo. También el artista, persecutor de realidad, había señalado expresamente ya desde 2003 que existirán cambios hasta el día anterior a la inauguración ¿cómo conocer el resultado final en lo que todavía era desarrollo del proyecto?). El Museo, ante tal señalada exigencia del artista, aprueba (doc) los materiales pendientes sin objeción alguna y los paga en 14 de Marzo (doc 14) ¿Para qué los paga, si inmediatamente los va a inmovilizar y retener? (doc) ¿Qué sentido posee tal comportamiento?. Pretenderá el Museo justificar la suspensión únicamente en un exceso presupuestario, pero se muestra aquí claramente que tal exceso es causado por su conducta: los costes, alquileres y necesidades se ven aumentadas por su comportamiento. No podía pues el Museo suspender en este momento la muestra por razones presupuestarias (apenas al momento el presupuesto había alcanzado la mitad de lo disponible), debía ir estratégicamente y poco a poco, multiplicando los gastos para alcanzar la presunta desviación que aducirá. Paradójicamente, de creer estar en posesión de razones, el Museo no suspende la exposición en ese momento, sino que incomprensiblemente aprueba y paga los materiales que inmovilizará. ¿Qué tipo de gestión es esta? Tal inmovilización no posee otra posibilidad de entendimiento que dos alternativas: el aumento intencionado de los gastos o la evidencia de una estúpida gestión.

Sigamos. Tras la incomprensible inmovilización, el disparate se acentúa. El Comisario se ofrece continuamente a redactar (copiar sería y será en propiedad) tal exigencia desbarrada de Proyecto Definitivo (numerosos docs). Es continuamente rechazado hasta pocos días antes de la suspensión. ¿Qué interés tenía pues el Museo en el re-conocimiento del tal Proyecto? Ninguno. ¿Por qué y para qué contrató el Museo al Comisario, si renunció a exigirle sus funciones y aun más allá, las rechazó continuamente? Buscaba otros objetivos. Ya la obra está acabada a fines de Marzo (testifical de Comisario, Ayudante y Carpintero), a la espera de remate con los materiales que terco y cerrado, tras su pago, el Museo retiene y se niega a entregar. Pese a ello, el artista no duda en exigir al Museo respuesta sobre si es su deseo censurar algunas obras (doc), tras lo cual pensará si mantenerlas, cambiarlas o variarlas. También (tras acusación impúdica del Museo de no estar finalizada la obra que él mismo está impidiendo) el artista le comunicará su disposición a realizar la exposición inmediatamente, en el estado y término que su gestión y su prohibición e inmovilización de materiales ha posibilitado (doc). ¿Acepta algo de ello el Museo? No. ¿Qué voluntad mantiene ante tales sugerencias?. Ninguna, ninguna consideración, ninguna respuesta ¿Por qué el Museo rechaza incluso presentar la exposición sin los materiales pendientes de entrega, en el estado en que el mismo ha posibilitado, y evita representarse a si mismo como quien ni come ni deja comer?. Porque el museo no está interesado en ella; persigue hace tiempo la suspensión. No obstante, tal propuesta o sugerencia mía, advierte al sospechosamente astuto Museo que la posible presentación de la exposición en los términos de escasez y nulidad que únicamente su gestión ha fabricado, precisa una exigencia nueva: debe ser callada o imposibilitada. Partirá de aquí, su requerimiento de unas Cláusulas infumables, dictatoriales e inconstitucionales que pretendían exigirme silencio y obediencia.

[Veremos en otra ocasión, como la juez, para cubrir al Museo frente a su suspensión unilateral y pese a que el mismo Museo había ya destruido (doc) tal innecesarias Cláusulas, entiende que, contrariamente a como exigía la octava y última estipulación del Acuerdo con la presencia de abogados respectivos previamente a la suspensión, tal autoritarismo clausulario es voluntad de solución entre partes para la solución de conflictos de interpretación. Contrariamente, el Museo sin exigir la presencia de abogado para solucionar el presunto conflicto, suspende la exposición, en acción unilateral de la cual el artista se enterará por prensa. Por el contrario, como muestran numerosos documentos posteriores a las Cláusulas, la exposición seguía y no existía obstáculo alguno respecto a ellas. Pero la juez, pretende que un presunto conflicto, viejo y solucionado, aparezca como actual y a resolver. Verán, como además de pagar al tendero, su interpretación de ley, parece comprender y exigir insólitamente que le chupemos la polla, incluso aunque nos de gato por liebre].

Sigamos un poco más. Intentaré ser breve. Numerosos comunicados posteriores de Bakedano (docs) muestran su continuo estado de desinformación y desconocimiento, su nulidad en la gestión: tras múltiples, numerosas y detalladas exigencias del artista para que le sean entregados (docs), en torno a junio nos pregunta reiterado y repetido a mí y al Comisario acerca de cuales son los materiales que faltan de entregar; inquiere ignorante sobre que materiales ha retenido (doc). Ignora la juez a este inexplicable (¿?) Bakedano que pregunta acerca de cuales son los materiales que él mismo ha retenido. ¿Qué ha hecho pues, porqué y cómo lo ha hecho? (no resulta extraña a lo largo del desarrollo del proyecto, la repetición incongruente de preguntas ya respondidas). ¿Cómo la juez puede apreciar lucidez y veracidad alguna en semejante desconexión, arbitrariedad, desinterés y desconocimiento? ¿No muestra ello, con total claridad, un absoluto desapego y descontrol sobre el proyecto de exposición?. Tras el continuo rechazo del artista a repetirse, Bakedano encarga finalmente (doc) la redacción del Proyecto definitivo al Comisario. ¿Por qué no lo quiso hacer antes e impidió con tal retardo la elaboración de la exposición y la obra?. ¿por qué y para qué hacerlo ahora?. Este, lo entregará el 23 de junio, copiado de otro anterior que el propio artista envió a Bakedano en 15 del mismo mes (doc). Tal listado resulta copia literal del mío. ¿Por qué Bakedano no aceptó tal entrega del artista como listado que permitiese conocer las obras?. ¿No aprecia, señora juez, que el interés del Museo no era el conocimiento de los materiales y obras, pues su relación ya obraba en su poder entregada por duplicado? ¿Acaso, contrariamente a exigencia mínima para el cargo, poseen sus rectores dificultades frente a la lectura? ¿Puede aun pretender justificar que tal falso conocimiento era necesidad y objetivo del Museo?

La pretensión de la juez de excusar al Museo, alegando que debe conocer los materiales, apunta a otro proveedor lateral, el metalista, afecto a los innecesarios al trabajo inmediato del artista y señalados al comienzo como segundo grupo. En menudo berenjenal se mete la magistrada. Por una parte, y para ocultar a toda costa la desatención del Museo a proveedores narrada inicialmente, dice la juez que es posible que el Museo aprobase inmediata y telefónicamente al proveedor, como es habitual en las relaciones comerciales (tal teléfono que a mi me negó, lo hubiese yo querido presente para los proveedores Goya y Nervión, pues en ellos si, y expresamente, figuraba en documentos). Pongámoslo de momento en cuarentena. El proveedor, en su presupuesto de Enero, muestra ya diversas operaciones y manipulaciones a realizar en la moto (doc). O sea que esa presunta obra nueva que señala el Museo en marzo, no resulta tan nueva: dos meses antes de su disimulada sorpresa, se muestra otra vez advertido de su presencia ¿Qué elegir señora juez? Si hubiese aprobado telefónicamente tal presupuesto de materiales -sólo necesarios la semana final de montaje-, no podría el museo mostrar sorpresa dos meses más tarde alegando fingida novedad. Si no lo hubiese aprobado, se mostraría nuevamente, aun más repetida y continua, su desatención a proveedores. Debiera usted haber elegido entre dos cuestiones que se escenifican incompatibles en el tiempo y el discurso.

Bakedano levanta por fin la inmovilización de los materiales a fines de Junio (doc), pocos días antes de la suspensión, y señalando en tono de disculpa que no sabe porque ha ocurrido esto (doc). El presunto nuevo material, la moto (ampliación, entre otros materiales, a la gran fotografía descrita ya en febero 2004 –doc 5- que pervive en esta obra), sobre el que el artista mantuvo correspondencia con el proveedor desde Octubre de 2006, que comunicó verbalmente (como era habitual) al museo en Noviembre y que este no objeto en tal ocasión en modo alguno, que necesitó la asistencia a Bikar Motor del metalista en Diciembre para poder presentar su presupuesto en Enero (doc) y que el proveedor Bikar Motor detalló exhaustivamente en Enero en el envío de su último presupuesto Press definitivo (doc), quedó a disposición del artista días antes de la suspensión, pero ya no poseíamos estudio para continuar los trabajos. Bakedano a previsión nuestra, obligado por su ilógica de la absurda inmovilización y debido a que el alquiler de los estudios era improrrogable, nos ofreció un hangar para continuar los trabajos (doc). Al mismo proveedor, que debía proporcionar los 8 cascos necesarios a otras 7 obras-instalación aprobadas antes de Enero, se le levantó la inmovilización en igual y mismo fin de junio. Pero ya no teníamos estudio para continuar los trabajos. Bakedano, que había prometido un estudio donde continuar los trabajos y sobre el cual nos comunicó estar a la espera de aprobación de gasto por la dirección, nos sorprendió con la suspensión que unilateralmente ejecutó Viar y que publicó previamente en los papeles. Aun continuaban sin ser aprobados los proveedores Zear y Maquintas, reiteradamente solicitados. El Museo pues, mostraba rotundamente a estas alturas haber incumplido sus obligaciones y compromisos. Se mostraba axiomático que no tenía interés en la exposición y su continuidad y sólo trataba de eludir su responsabilidad para impedir toda visión de su propio comportamiento y gestión. Necesitaba encontrar un atajo, cuyo desafortunado resultado se mostró, tras imaginables consultas y complicidades previas, en sentencia, sin ambages, tosco, sin sutilezas, con la rotundidad de una autopista repleta de señales blandas. Tal decisión, que alteraría y alterará excesivas cosas, no pudo tomarse sin consulta al jefe. Mas este erró, presumió sin considerarlos capacidad en sus precarios asalariados obedientes, subvaloró sus inventados relatos inconexos y encargó a monaguillo labor de obispo (seguramente carece su iglesia de doctores).

(Cómo el Museo y la juez transforman mi reiterada y declarada necesidad de continuar sólo durante un mes los trabajos para rematar la exposición, en exigencia de cuatro meses, será objeto de nuevo post, donde nuevos aumentos espurios harán su aparición multiplicada -en necesidades y tiempos- para alojarse al interior de la presunta desviación prefabricada en sombras).

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