23/03/10

Colofón de esta segunda sección sobre prevaricación (pareado didáctico).

Es tal la conflictividad y alteraciones en los documentos aportados por el Museo, que solamente ellos, de haber padecido análisis y desarrollo ecuánime, sin aportación exterior, hubiesen servido suficientemente a mi defensa. Así lo señalé hace tiempo, cuando algún residuo creía en la Justicia, que no en la ley. Mas nada puede hacerse cuando el partido o el gobierno protegen la corrupción con autoritarismo, privanzas y otros añadidos adecuados. Aquí debe incluirse y comprenderse la innecesariedad de testigos que acreditó el museo con la retirada de todos sus propuestos. ¿Acaso le hacían falta? (Desgraciadamente, sufrí breve decepción por ello: me hubiese deleitado ver declarar al nervioso e inconexo Bakedano)

¡Cómo hacer el plato si todavía no se han entregado los ingredientes necesarios! (doc), señalé al improvisor y carcelario Museo resumiendo y sintetizando estos hechos. Poco importa esta cuestión a políticos corruptos y alegres administradores de leyes; el sistema posee siempre a su alcance contrapesos o contraeuros que precavido adquiere y permuta en privados mercadillos. Este desencuentro narrado en estos 10 textos, que muestra indefectiblemente la goleada por 7-0 al Museo, es presentado inversamente por la juez como victoria de este, pese a que como se muestra arriba con sujeción a las pruebas y jugadores presentados, el único falso gol museístico fue logrado en tiempo de descanso posterior, no en tiempo añadido, sino aun más tardío, en investido vestuario local, vestidos ya para la ocasión los adversarios, con bellos fraudes de serpiente. ¿Que puede hacerse ante el destino que esta gente –que reiteradamente nos insulta al decir representarnos- nos ofrece? ¿Cómo traspasar esa precavida y mafiosa autoprotección que cultivan entre ellos?. No hay manera legal eficaz, sólo distraída, y quizás, si uno resulta o quiere aparentar moderación airada, proceda abandonar definitivamente tal basura. Queden excluidos quienes a cambio de soportarla silenciosos, esperen compras, ventas o trabajos, pues estos, quizá, ya lo dijo el crucificado mayor, indefectiblemente, heredarán con ellas o ellos la indisociable mierda. Quizá en la otra vida, la presumible eterna, encuentren tiempo para limpiarla; hay que considerar que tampoco es para muchos molestia persistente: un buen traje de los muchos disponibles –tipo Groucho- puede tapar un alto porcentaje. Mas insolente, no lo creo del todo, más bien de nadas; observa mi ojo, sólo sometido a calle, vastas extensiones de remiendos pardos. Claro que es posible que existan otras soluciones, mas por no expandir mi excesiva y natural lengua a terrenos peligrosos, finjo de momento ocultarla en la ensalada que no como.

Anteayer miércoles 17, miembros del PNV alavés, señalaban en prensa que cualquier caso de corrupción será inmediatamente depurado. Claro que es necesario leer entre lineas: parece ser que alguno apareció con la bragueta abierta y otros fueron salpicados por orines. Lo intolerable resulta pues el salpicón, lo que el político corrupto por naturaleza o estrategia no tolera, es que se aprecie tal salpicadura; mientras no se visualice plena, la porta con disimulo -sino orgullo- o semioculto emblema iniciático de pertenencia al posible beneficio. Todo político resulta pues experto en silencios hasta que la evidencia no le salpica y obliga a cambiar el traje o llevarlo al tinte. Es entonces cuando teatral, grita alto y sonoro en la bambalina de la lavandería: cualquier caso de corrupción será inmediatamente depurado. Fue el PNV quien inició o coadyuvó a mi persecución. Ignorando ahora al Patronato y su representación política, Viar, hombre de confianza colocado a dedo por el partido, carece de autoridad, autonomía e inteligencia para resultar íntegro, independiente y mucho menos desobediente a jefes. Subordinado, a ellos debió necesaria y obligadamente consultar y en ellos encontró apoyo. Pese a que restará solo y aislado en el acontecer definitivo (será quien, sitiado por el partido, aparecerá con la bragueta abierta), sea por la necesaria evacuación de consulta en torno a tal grave iniciativa soporte de corrupción, sea por la ausencia de supervisión del partido a tal estulta ocurrencia destructiva (los que raudos cambiarán chaqueta tras salpicón), muy grave y anómalo para la presunta integridad del partido, resultaría lo contrario: que otro fuese a quien desbraguetado presentasen. Claro que quedará un poco de suciedad en ese excremento bailable que llaman responsabilidad política, mas sólo afectara a los blandos de tripa y a los blancos de cerebro; por la parte de responsabilidad que me toca –con toda la dedicación y habilidad posible y disponible- me ocuparé de esconder el detergente. Señores y Señoras del PNV y PSE (Patxi decía lateral, palabra similar), atiendan presto sus salpicaduras y lleven el traje al tinte. Repitan 100 veces en la pizarra del olvido el siguiente exorcismo tras envolverlo cuidadosamente en soflama apagada, inversa y demagógica: cualquier caso de corrupción será inmediatamente depurado... cualquier....

Bueno, a lo mío, que aun ya señalado hasta el exceso controlado, es la justificación en que se ocupa este final epílogo. En anterior entrega se mostró el Fraude Procesal, que pese a quedar probado, es silenciado. También se presentó a la Prevaricación en diversos escenarios. En estas 10 entregas presentadas hoy, se muestran nuevos casos de prevaricación, que desatienden o disimulan las pruebas y razones al extremo de ocultar las dos faltas de aprobación que el Museo aun mantiene. ¿Qué queda pues?. Reforzar y repetir algunos argumentos inviolables. Seguro que olvido algunos: eso gana el lector en su cansancio.

-Se muestra al museo mendaz al señalar que no recibe los comunicados que los proveedores envían. También se muestra, en la ausencia de correos que reflejen tal hecho, que no comunica nunca nada a Morquillas. Nada podría probarse pues, salvo creer lo inventado, relato que la juez abraza, apelando a dos pruebas manipuladas e inconsistentes y desestimando toda prueba que muestre lo contrario.

-Se muestra al Museo austero, presentando únicamente las dos pruebas invalidas que podía presentar. Inventar las demás a semejanza, cuestión que resultaba imposible sin evidenciar su incumplimiento, aumentaría a extremos insospechados e insostenibles la visión de su fracaso, su alteración argumental y su falta de aprobación.

-Se muestra el seguimiento fiel de la juez de los cuentos no probados que el museo relata, e inversamente, la desestimación, ignorancia y ocultamiento de toda prueba, documento o testimonio que muestre lo contrario.

-Se muestra al Museo como extensión privilegiada del poder, a quien la ley, quizá agradecida, ignora todo retraso e impedimento probado. Así, indefectiblemente, no puede sino resultar el artista culpable desde el nacimiento, pese a que el Museo, se atrasa, impide, retiene y aun siquiera aprueba la entrega de materiales.

-Se ignora todo el desarrollo del proyecto antes de la firma del Acuerdo y con ello los tres iniciales retrasos del Museo. Un contrato verbal, aun siendo claro, probado y explicitado en diversos documentos, carece de importancia para la juez; desviste así a la realidad de su importancia. Todo acto presumiblemente punible y anterior a un contrato firmado, está exento, ni lo considera culposo ni objeto de su análisis.

-Se aceptan los dos únicos documentos presentados como exculpación por el Museo, los cuales, pese a mostrar en un caso evidente manipulación y en otro demostrar fehacientemente la desatención del Museo, carecen de nulo valor probatorio. Su escritura, manipulada, ha sido realizada a conveniencia en cualquier tiempo.

-Apenas se ha analizado la documental y en absoluto se ha considerado la testifical. Ningún documento o testimonio de los múltiples existentes podría probar descoordinación, desatención o retraso del Artista, pese a lo cual, extrañamente, reitera y repite falsamente y a saciedad, que el demandado ha incumplido y desatendido a proveedores.

-Sitúa la juez en su particular balanza, la presunta y manipulada desincronización de un día (que de ser cierta no hubiese producido ningún efecto maligno en el proyecto) en la recepción de materiales (tomada de documento sin validez probatoria) al mismo nivel que la falta de aprobación definitiva y de por vida a varios proveedores (que son motivo único de destrucción de la exposición).

Tales evidencias muestran claramente los servilismos de la justicia y la necesaria connivencia política en tal asunto. Muy grave sería, en contrario, tal ignorancia como soporte de corrupción, ineficacia y disparate, que mostraría cierta la inutilidad, ineficacia e innecesariedad de ciertos políticos. Hay añadidos literales de la juez al Acuerdo para impedir toda lógica constructiva, aplicaciones parciales e interesadas de literalidad a utilidad del Museo que de ser también aplicadas en casos pertinentes al artista mostrarían con rotundidad toda la culpa del Museo, hay tolerancia callada de culpables usurpaciones dañinas e irresponsables –golpes de estado internos en el museo-... En realidad, demasiadas cosas están relacionadas con todo, por ello es mas clarificador hacer un tratamiento individual de tales tergiversaciones. Lo iremos desgranando todo, pues no es lo narrado hasta el momento sino brevísimo, escaso y mínimo porcentaje de la enormidad que resta. Es tal el disparate en lo sucedido y dicho, que casi cualquier frase contiene aberraciones. Una de las mayores se aloja en sentencia, en la frase de la juez, que tras analizar sólo dos pruebas alteradas y además intrínsecamente de nulo valor probatorio, las vincula intencionada a la totalidad de proveedores; con ella iniciaba esta colección de post y no me resisto a repetirla: “la documental aportada prueba que los presupuestos de dichos proveedores fueron aprobados por el subdirector del Museo (Sr. Bakedano) de forma inmediata a su recepción”. ¡Manda huevos!, que diría el salvado político del Yak. ¿Acaso tal aseveración -a vista de lo narrado y señalado e incluso autoseñalado probado- no es un inconmensurable ejercicio de prevaricación?.

Archivo del blog

Datos personales