23/03/10

El estudio, plácido y vacío lugar de espera y esperanza.

Pese a que según la juez, la documental aportada prueba mi culpa en los retrasos, contrariamente a los aportados por el artista, no hay sobre este asunto documento alguno aportado por el Museo. Ambos lo dejan oculto y tapado.

Poco hay que señalar sobre este asunto arrastrado por el anterior. El Museo, que había retrasado unilateralmente la fecha para la exposición que señaló en el Acuerdo y que agradeció mi aceptación (sic) de su demora en carta firmada por Viar (doc), había situado para las fechas de la nueva inauguración, la de noviembre de 2006. Tales tiempos eran los necesarios para llevar a término los trabajos necesarios. Pero no aprobó al proveedor Carpintería, hasta 7 meses después y el tiempo se vistió de escasez. Por cortesía del Museo, el Amo, restaba pues ponerse la cadena de esclavo y trabajar de destajero hasta el declinar.

Claro que pude yo –insensible, absurdo y manirroto- haber alquilado el estudio en Enero de acuerdo a la fecha prevista; es de agradecer que la juez, aturdiendo su habitual y brevísimo contexto argumental, sea por olvido o por debilidad, no me culpe de tal hecho olvidado que permitiría achacarme nueva desatención y culpa en ello. A buen seguro que el Museo lo hubiese agradecido, y si este no incluyó tal asunto en su relación de ficticios gastos y maldades, fue porque mostraba directo y nítido que era consecuencia de su falta de aprobación a Carpintería. Mas la pura lógica –material primordial de trabajo de Morquillas- advertía, incluso a simples, que a nada servía pagar el alquiler y aumentar el presupuesto para mantenerlo vacío, desocupado y sin operatividad alguna. Los materiales necesarios (paneles, caballetes, maderas, tableros, colas, herramientas...) para iniciar los trabajos, que no fueron aprobados por el Museo hasta agosto de 2006, siete meses después del envío del presupuesto por el proveedor Carpintería, obviamente, y precisamente por su falta de aprobación, no estaban disponibles, siquiera aunque intentase recogerlos, como pretende recomendar la juez. Sería un hurto. El alquiler, se mostraba pues necesaria e indefectiblemente correlativo y posterior a la provisión de materiales (la juez -se verá-, pese a que cualquier instinto o mente considere procedente lo contrario, llega incluso a justificar al Museo, diciendo subliminalmente y casi casi, que el Museo no aprueba los materiales para hacer las obras, porque las obras no estaban realizadas). Sea como fuere, el taller, sórdido y pequeño, no ofrecía calidez ni utilidad alguna para orgías, fiestas o negocios, siquiera existía pues coartada lúdica para haberlo alquilado anteriormente, previo a la llegada de los materiales pendientes de aprobación. Desistí por tanto, de tal aventura ciega.

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