Pese a que según la juez, la documental aportada prueba mi culpa en los retrasos, contrariamente a los incluidos por el artista no hay sobre este asunto documento alguno aportado por el Museo. Ambos lo dejan oculto y tapado.
El anterior fárrago listado, se extiende a este proveedor. Aquellos iniciales presupuestos y quejas de Carpintería, Valdés, Nervión o Goya que necesitaron de tres o más envíos y se solucionaron más o menos en un mes, se extienden a la saciedad en estos proveedores. Pese a ello, nunca fueron aprobados.
Maquintas se ocupaba de reproducciones fotográficas tanto para la exposición como para el catálogo. Ya aparecían obras afectadas por su trabajo y también su nombre y teléfono desde el año 2003. Mas la juez, pese a las diversas pruebas y proyectos presentados, ignora la existencia de un contrato verbal anterior a la firma del Acuerdo, quizás no lo ha leído. La exposición, proyectada por Zugaza ya en 2001, mostrará en diferentes pruebas presentadas, sucesivos estadios del proyecto. Los repudia, quizás porque hubiesen permitido cotejar con exactitud las falsas descripciones del Museo. No es para ella la exposición lo importante, sino una firma. Ningún matiz puede perturbar a esta. Pero aun siquiera alcanzando –tras tal fecha de rubrica- posibilidad alguna de evidenciar incumplimientos por parte de Morquillas, de haber leído o contemplado las pruebas anteriores a ella, hubiese comprobado la existencia en proyectos anteriores de algunos proveedores que continuarán tras el Acuerdo. Sabía pues el museo de la existencia de ellos desde hace años. Estaba pues ya advertido de su existencia y necesidad y al igual que ella, no los consideró ni atendió ni al tiempo de redacción del Acuerdo, ni siquiera al tiempo de la suspensión. Maquintas, tampoco está aprobado, siquiera al día en que esto escribo.
Listo el barullo. Aparece primero en 2003 (doc 4), donde se muestra su teléfono. También en febrero 2004 (doc 5) donde aparece -bajo el epígrafe Joyería- la necesidad de fotografía sobre aluminio, que pretenderán tardíos bautizar ficticia como obra nueva. Más tarde (doc 6) se vuelve a reflejar la existencia de este proveedor y su número de teléfono. El siguiente (doc 7) señala: Es absolutamente necesario comenzar el trabajo ya. Consultado Quintas dice que no se le ha pedido un presupuesto por el Museo. (Bakedano prefería hablar con él personalmente). Después, el propio Bakedano, ignorante y sin apreciar esta numerosa documentación que ya obraba en su poder, solicita de nuevo su teléfono en diciembre de 2006 (su doc 10). En Marzo 2007 (doc 15) vuelve a señalarse a Maquintas como pendiente. En las pruebas del Museo se muestran también numerosas peticiones y referencias. Así el 16 de Enero (su doc 11), el 8 marzo (su doc 21), sus docs 24, 25, 35, 36...hasta julio 2006. ¡Vamos!, que como se ve, no resultaba fácil para la juez apreciar su existencia y el incumplimiento del Museo. Cierto es que el bosque no deja ver el árbol.
Otro asunto lateral, mas no menor, es el del catálogo, para el que Maquintas debía realizar numerosas reproducciones y que fue también desatendido. Un catálogo exige un conjunto de operaciones para llevarlo a término. De las iniciales: Textos, cerca de cien, la mayor parte realizados ex profeso por el artista (finalizados provisionalmente en agosto 2006), Maquetación (prácticamente definida en Agosto por la única persona de las que conocí que trabaja en el Museo -a quien felicité por ello, señalando al tiempo lo contrario para otros departamentos-. Se verá), Traducciones (9.948 €, factura de noviembre de 2006, donde incluyen añadido otro catálogo ajeno a fin de aumentar el gasto de la presunta desviación. -Será divertido cuando describa y publique los presupuestos con cerca de un centenar de anomalías-) y Documentación gráfica, desatendida por el museo; no aprobada por el Museo, permaneciendo igual tras la fecha de suspensión.
Se aprecia pues que un catálogo es un todo, una unidad, una obra, y así como no puede el Museo aprobar o rechazar a su albedrío diferentes materiales de una obra sin impedirla, tampoco del catálogo (le imagino comprar y habitar el tejado de su casa y sentirse satisfecho). Obtusamente, se impediría con ello la propia publicación. Este catálogo, que nunca pudo o podría realizarse dado que no se aprobó al proveedor Maquintas, debido a la negativa del Museo, carece de posibilidad de existencia alguna y reduce a la inutilidad y a servir a nada a los otros trabajos convergentes. Pese a ello, no les representa contradicción alguna exigir los intencionadamente aumentados gastos de las Traducciones, sin considerar que fue expresamente su falta de aprobación al proveedor lo que impidió su existencia. Ejemplar desvarío mantenido en ley.
En síntesis, se muestra de nuevo que la juez además de ignorar las pruebas descritas, renuncia a ver que la falta de aprobación del Museo al proveedor, impidió tanto la presentación de la exposición como la existencia del catálogo. Aun continúan pendientes de aprobación. Además de las pruebas, existe testimonio de Maquintas que taxativamente y sin duda alguna, muestra el déficit del Museo. ¿Qué porqué no quiere verlo?. Me aburre repetirme.
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