Pese a que según la juez, la documental aportada prueba mi culpa en los retrasos, contrariamente a los aportados por el artista, no hay sobre este asunto documento alguno aportado por el Museo. Ambos lo dejan oculto y tapado.
Este proveedor, que el Museo se verá obligado a incluir en su cálculo de la falsa desviación como Gasto Necesario, ya probaría con su adscripción y subordinación a tal concepto, que el museo nunca lo aprobó. Su culpabilidad en los retrasos y en su total impedimento a la exposición, aparece rotunda y diáfana. Su falta de aprobación, les ha obligado absurdamente a incluir un tercer o cuarto presupuesto reiteradamente presentado por el proveedor en Marzo de 2007, como pendiente y posterior a 30 de junio de 2007, fecha donde –según informe del museo- finalizarían los Gastos Incurridos. La juez, a estas alturas comprensible, también ignora este importantísimo hecho. El Museo reconoce nuevamente con ello su crimen, mas la juez se niega a encontrar el cadáver que se halla en sus narices. Resulta inusitada la excelente y útil ceguera de la juez. Recomiendo a la ONCE, su nombramiento como invidente de honor.
Zear, es presupuesto nuevamente desatendido, que fue objeto, ya desde un año atrás, en agosto de 2006, de repetidas quejas por el Artista debido a su falta de aprobación por el Museo (doc 13, doc 15 y su doc 38). Aun tras la suspensión ejecutada por el Museo en Julio del siguiente año, permanece sin ser aprobado. ¿Cómo puede entender la juez que sin los materiales que el Museo debe proporcionar, pueda Morquillas confeccionar su obra? Ignorando momentáneamente tan cutre enigma, aparece aquí transparentemente la evidencia de un círculo cerrado de desatenciones intencionadas, donde su falta de aprobación a la carpintería impide comenzar los trabajos, y su falta de aprobación a Zear impidiría acabarlos. Siquiera señalada oposición por el Museo y sin obstáculo alguno frente a él, muestra que su objetivo es otro y diferente a la ayuda para la finalización de la exposición: impedirla.
(La completa desatención a este proveedor, al igual que a Maquintas, contraviene terminantemente las siguientes estipulaciones del Acuerdo: 1 -compromiso de aportar recursos-, 2 -atender al pago de proveedores-, y 6 -propiedad de las obras tras la exposición-. Ello debiera ser motivo de desestimación completa de la demanda, pues muestra tajante y definitivamente que el Museo ha impedido los trabajos para la exposición. Pedido ya en Agosto de 2006, casi un año antes de la suspensión, nunca fue autorizado ni pagado. Es el propio Museo quien incluye en sus pruebas su total incumplimiento y violación de las estipulaciones primera y segunda; su necia prepotencia al hacerlo figurar manifiestamente en Gastos Pendientes (doc 38), muestra que a nada servía ya nada: es imposible mostrar la exposición y es el propio Museo quien lo impide. Resulta incomprensible la osadía impune de la juez al no repudiar la temeraria demanda ante tal evidente realidad. Su ignorancia intencionada de este proveedor, muestra definitivamente su completo servilismo y obediencia a las tesis del museo. Este, además de no pagar ni cumplir sus obligaciones e impedir con ello los trabajos, tiene la deshonestidad -en estricto estilo político- de presentar una demanda que se muestra clara y palmariamente como una necesitada y loca huida hacia delante; quizás sabiendo ya que le resultará fácil encontrar una juez servil que no tiene obstáculo en tapar y ocultar sus crímenes).
Ya aparecían descritas desde el año 2003 y 2004, las necesidades de impresiones y fotografías, que el Museo –salvo que no supiese lo que maneja y debe manejar o intentase nuevo y cerril fraude discursivo- debía considerar necesarias. Tras mi queja de agosto, reconoce expresamente el Museo en septiembre que aun no las ha aprobado (doc), y aun al día en que esto escribo continúan sin aprobarse. Como ejemplo de esa improvisión que impidió las manipulaciones y añadidos posteriores a la impresión, baste señalar que el artista se vio obligado –para la pieza Sinfonía desconcertante, movimiento 3. Pajarillos y pajerillos, ahora rebautizada Comestible- a reproducir la Constitución, confeccionando a mano, letra por letra y con pasta de sopa, la totalidad de la obra (les rogaría que, al carecer de carné o autorización para manipular alimentos, no informen a la juez del hecho).
El proveedor Zear, recorre gran y largo camino de adversidad. La instalación de la cristalera de la entrada (doc 4, de 2003, de la que el museo posee –regalada- una pequeña infografía) debe ser confeccionada por él. También en febrero del siguiente año (doc 5) se reseña la misma pieza. El 1 de septiembre de 2006 (doc 13) se informa que se ha vuelto a señalar a Zear que envíe nuevo presupuesto. En Marzo 2007 (doc 15) figura aun como no pagado ni aprobado. El 15 de julio (doc 21) también se señala expresamente al proveedor Zear. 13 son las obras afectadas sobre la falta de aprobación a Zear que se reseñan en este escrito, y son diferentes a las otras 7 que el Museo impide todavía con su inmovilización de materiales.
También en los documentos del Museo aparece sin aprobar en numerosas ocasiones. El 19 septiembre 2006 (su doc 9) figura aun sin aprobar. En 16 de Enero (su Doc 11), se incluyen referencias a 13 obras que Zear debe tratar. Igualmente, en 8 de marzo (su doc 21) se les señala que es necesario realizar la impresión de la pieza Enlevez... Posteriores, sus docs 24, 25, 35 y 36 reflejan pendiente de aprobación a Zear.
O sea, el Museo ha impedido rematar obras que estaban descritas desde el inicio del proyecto, que existían ya al tiempo del Acuerdo, que se han solicitado en diversas ocasiones y que siguen aun pendiente de aprobación. Muestra pues este farragoso listado de documentos, que la juez, inevitablemente, debió tropezarse al menos con alguno de ellos. Mas –parece lo evitó- tomó un atajo.
Resulta además inconsecuente, malicioso y ávido, que el Museo pretenda cobrar estos perjuicios a través de su anómalo Informe económico, cuando es él mismo quien ha impedido a los proveedores cuyos gastos quiere cobrar. Aparece aquí, resplandeciente y repetida, su posibilidad de derribar la muestra: se ha dado cuenta de que en la medida en que no apruebe, puede aumentar el gasto; creyéndose omnipotente, pensaba encontrar después manera y papel para ajustarlo a falsificación. Se muestra con este turbio asunto, que el Museo, sin justificación alguna, ha negado primeramente la aprobación, ha dificultado con ello el desarrollo de la exposición, ha impedido la realización de obras concretas y finalmente, pese a ello, pretende cobrar daños por una operación (fallida de momento para mí, quizás no para Viar -a corto plazo-) que únicamente tiene soporte en su actitud y de la que él es el único responsable. Claro queda que esta gente no son nada sin atajos.
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