20/05/10

El verdadero significado de L´Air du temps.

Comentaba por correo a un amigo, las numerosas circunstancias que mostraban la falsedad del proyecto presentado por el Museo, también falsamente atribuido a mi redacción y entrega. Entre otras diversas, existía una que sólo lectores avisados podían entender en su ejemplificante corrección: el error conceptual del Museo en la redacción y publicidad del título de la exposición. Añadí pues una pequeña nota (1) marginal a la parte correspondiente del texto para ampliar en un par de líneas la ayuda a precisión, y descubrí que, poco a poco, con autonomía irónica salvadora, se fueron ampliando. Este es el tema:

(1). El Museo siempre ha llamado a la exposición “Morquillas, L´Air du Temps”. El Comisario recoge –con total seguridad- mecánica y administrativamente tal redacción reflejando su contrato con el Museo (anterior a la firma del Acuerdo), donde este había dado continuidad automática a tal infame título de su creación y responsabilidad. Nunca el artista ha dado ni pudo dar tal rótulo a la exposición: en todos y cada uno de sus comunicados aparece siempre como L´Air du Temps, a secas. La explicación es muy sencilla y cruel. Ya los bocetos para la postal anunciadora de la exposición (debe apreciarse la imagen definitoria) anulaban esa redacción inviable. Bajo el título (L´Air du Temps) y separado de él aparecía la leyenda “una exposición de Morquillas”. No podía ser de otro modo, la imagen refleja una de esas mierdas que definen subliminalmente nuestro tiempo: una cruz gamada integrada y semidisuelta en el empedrado del suelo (metáfora del suave y delicado empedrado neuronal). El artista se dio pues cuenta de que no quería pertenecer –menos aun consciente o intencionadamente- a tal nefasto cajón de sastre. Siendo tal símbolo persistente basura vinculada al tiempo actual y hallando exacta correspondencia en la igualitaria negatividad que pretende el título, al reflejar la redacción del Museo (la misma que por la señalada extensión contractual muestra el falso proyecto que el Museo atribuye al Artista y trata de colar en la demanda) vendría este a decir: “Morquillas, una mierda”. ¡Y una mierda!. Efectivamente, resulta obviamente del todo comprensible que el artista nunca pudo consignar ni concebir tal infame etiqueta (a lo más, si se tratase de bodegones, podría haberlo redactado con imaginación breve y simple como “Morquillas. Bodegones”; con punto, no con coma). Sólo quien tiene interiorizado tal símbolo con la rutina de un Padrenuestro o un Hola, podría alcanzar tal redacción (claro que esta explicación puede no estar al alcance de cualquiera: los símbolos autoalimentados son persistentes y viciosos cual tautología; siguen sus propias huellas. Ya lo demostré cuando construí una gran cruz gamada de arenques en Vitoria clavados con simple clavo. En tal ocasión, tras arrojar el personal 400 vasos de duro vidrio sobre ella, ningún arenque cayó al suelo. Nada cambió. Resistió todos los fieros y violentos embates. Algunos símbolos siguen poseyendo férreo e invisible blindaje de beneficio).

Contrariamente, el Museo, que nunca atendió ni entendió la muestra, otorga al tiempo, con tal asociación de título, un certificado de autenticidad nada menos que expedido por uno de sus más cualificados regentes: el propio representante o ideólogo del Museo que se reconoció automática e inconscientemente en el garabato geométrico. Puro nazinalismo. Por el contrario, para el artista –no podía ser de otro modo- la exposición siempre se llamó y llamará L´Air du Temps, a secas. La asociación inconsciente queda también bien explicada en el propio desarrollo de la demanda y especialmente en la continua y servicial falta de argumentación de la sentencia. En realidad, en la calle, el símbolo no está tan oculto como en el empedrado; a veces, con tinta negra e indeleble, hay gente que lo lleva con aparente indiferencia, mas con la misma épica y orgullo que el Chanel. Museo, L´Air du Temps nº 5.

5 comentarios:

BLANCA ORAA MOYUA dijo...

Muy buena explicación y fácil de entender, empiezas a ser concreto.
El cartel es sensacional y ya te dije que lo de las sardinas me había impresionado profundamente.
Eres un gudari.

amaia dijo...

¿Una cruz gamada en l´Air du temps?
y ¿Eso a k viene?
No entiendo, está claro que su interpretación no corresponde con ésta exposición, por cierto; sean carteles, tarjetas, pegatinas, o lo k sea...¿No deberían consultarte?

Morquillas dijo...

El Museo llegó a quedar desposeído de toda coartada. Ya conté que me ofrecí a realizar la exposición en el estado que su falta de aprobación y entrega de materiales había definido. Trampa que no fue aceptada. También le comuniqué que si quería censurar algunas obras lo señalase: tras ello yo continuaría con la muestra tal como estaba concebida o tras estudiarlo, variarla. Tampoco respondió a esa trampa (todo está escrito, en las pruebas).
La audacia de mis peticiones tenía base lógica y carecía de ingenuidad: la apatía laboral e intelectual del museo era inmensa; estructural, autoalimentada. Pese a su propio carácter y a la ausencia de gestión, me comunicó -en su falta de respuesta a ambas cuestiones- que no quería se viese su estupidez ni su censura.
¡Ojalá hubiese censurado abiertamente la pieza de la moto!. Hubiese aceptado encantado su censura. La alternativa a ella era otra pieza de mayor ferocidad, contundencia y exquisitez. Hice dibujos del nuevo proyecto. Habrá que esperar para verlos hasta su publicación en el catálogo.

Morquillas dijo...

Pese a su obligación, el Museo no consulta nada. Tuve que pararle los pies con relación a la postal.
También -según lo presentado en su informe económico- debe extraerse la conclusión de que intervino el montaje de la exposición. Sin señalamiento, indicación, diseño, plano u orden alguna por el artista, pretende haber diseñado -y por tanto cobrar- dos montajes. Por supuesto que no se hicieron -ya se explicará y verá-, sólo eran dos gastos más para añadir y aumentar la desviación.
Suerte.

Anónimo dijo...

Pues vaya onda facha wey

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