03/05/10

Querido Sancho: ¡La propia literalidad con fiera e impresionante armadura de sinrazón!, ¡Ni molinos ni gigantes!.

Otro extraordinario y renovado asunto de quebranto aparece en la sentencia de la juez, con expreso objetivo de aplastar a la Razón y subsidiariamente al Artista. Hasta sordos e invidentes, oyen y ven, que el objetivo de un Museo no es hacer negocios, sino exposiciones. Toda férula de ciegos topos podría leer en oscura madriguera ese designio; también los neutrales jueces. A las exposiciones debiera encaminar sus pasos nuestro egregio almacén. Ello debiera guiar sus propósitos. No existe ninguna otra manera de justificar sus intenciones.

No porque fuera necesario a nada, sino por mostrar la reiterada intencionalidad del Museo (continuamente contraria a su debida responsabilidad y objetivo), nuestra respuesta a su demanda, incluía como breve argumento lateral, que incluso en caso de ser considerado el falso y manipulado Informe Económico que presentaba, resultaba prueba ridícula y exótica para suspender la muestra. En efecto, por tal camino, existiendo como disponible aun un gasto de 60.000 € para el catálogo, debió parecer oportuno a ambos (precisamente para no destruir la exposición –y en caso de haber sido verdadero interés del Museo realizarla-), derivar una pequeña parte de ese dinero a cubrir el falso y pretendido superavit adulterado señalado por encargo del Museo. Si bien no resultaba necesario al caso, hubiese sido rotundamente posible y correcto. Es método habitual –nunca extraño- en las exposiciones, que exista movilidad entre las diferentes partidas disponibles a fin de ajustar necesidades del proyecto y conseguir para ambos –artista y museo- un resultado final positivo de cara al presuntamente coincidente objetivo: el defraudado y engañado espectador que museo y juez no consideran nunca.

Siendo también tal movilidad presupuestaria, práctica cotidiana y habitual desde la infancia (¡Si compras dos caramelos de estos, sólo podrás comprar uno de los otros!, se advierte al niño para encaminarle en tal capacidad juiciosa) a las reuniones ministeriales (para atender esta nueva necesidad debemos recortar este otro presupuesto, podrían señalarse uno a otro), era más que presumible que ningún obstáculo debió oponerse a ello. Mas la juez, contrariando toda tradición, toda lógica, toda construcción de razón, toda posibilidad y justificando un fracaso que ningún museo digno hubiese querido soportar, pone un nuevo freno con expreso y propio argumento artificial y absurdo, que concede al Museo (con total, inaudita y pretendida naturalidad consciente) la posibilidad de suspender la exposición por una sola peseta de desvío. Buenos negocios legales debe hacer alguien tan cargada de razones, que por una peseta es capaz de destruir un asunto de 162.000 €. Bien es verdad que, suponiendo su corrección judicial (lo cual a estas alturas, golpea a la imaginación y a la razón), tal actitud y coartada podría igualmente concederme a mi la posibilidad de suspenderla por los mismos 100 céntimos. Mas no cambiaría con ello la significación de tal hecho. Seguiría siendo estupidez supina incomprensible para Morquillas e incluso para el museo (si contuviese residuo de dignidad), que sólo tan excelsa juez puede crear y creer en sus acomodados términos.

Aquella literalidad que intencionada aplicó sobre mi para salvar la eliminación de una partida de euros del falso informe del museo (sin mención alguna al traidor y conspirador Bakedano), y que artera e inversamente intencionada, no quiso aplicar ecuánime y correspondiente sobre el Museo en los otros dos flagrantes casos que describí anteriormente (ambos, terminantemente, hubiesen aparejado rotunda, objetiva e inevitable condena o desestimación de la demanda del pósito), aparece aquí, como un hecho poco habitual, con irrazonable armadura. Sin ninguna apariencia o presencia quijotesca o salomónica, pues como reza el enunciado, no son ya más o menos torcidos molinos o gigantes lo que muestra, sino al propio ‘corazón de las tinieblas’, resplandeciente en su ámbito de siniestra oscuridad.

Señala escueta la estipulación segunda, que hay 102.000 para materiales y 60.000 para catálogo. Nada más dice al respecto; esa es pues la literalidad. A partir de ello, caso de haber estado la Juez o el Museo interesados en el remate del proyecto, lo razonable hubiese sido adaptar los argumento a tal objetivo presumido común. ¿Qué hizo la juez para evitar que se pudiese ver al Museo como destructor de lo razonable? ¿Cómo elimina la lógica, habitual y juiciosa movilidad?. Asumiendo la carga de la prueba y haciendo aparecer en la batalla -de su puño y letra- a la Madre de todas las Literalidades.

En su sentencia, tras relatar y señalar las cantidades y la necesaria autorización de aumento por el director, la prevaricadora hace aparecer frase nueva de su cosecha: debiendo considerarse estas partidas cerradas (se excluye cualquier incremento de las mismas salvo aprobación por escrito por parte del director del Museo) Y NO ACUMULABLES NI INTERCAMBIABLES ENTRE SI. Indefectible prueba de que la justicia carece de cualquier conexión con la Razón, con lo Razonable, con lo Apropiado, con la Vida. Estas cuestiones resultan para ella antitéticas, molestas, expresamente ofensivas. Viene a decirnos que nada sensato o reflexivo debe ni puede esperarse del juez.

Despreciar razones que nadie en su sano juicio sería capaz de repudiar, va en esta ocasión mas allá de su espuria y servil interpretación de la literalidad que narré en post anterior. No se trata aquí de salvar al Museo en base a su mera narración novelada de argumentos o de sus pruebas manipuladas o alteradas, o de la sistemática negación, ignorancia y ocultamiento de las presentadas por el artista, sino que de motu propio, traspasando toda argumentación asociable o perteneciente al Museo o al Artista, se enfrenta abiertamente a lo razonable o lo juicioso (¿tendrá esta palabra algo que ver con la profesión de juez?). Sólo alguien profundamente alejado de la Vida, y por ello mismo, incapacitado definitivamente para sancionarla, podría derivar a tal dislate mutilador de la Razón.

¿Odiará el arte, las exposiciones o a los Museos? ¿Odiará aun más especialmente a quienes asisten a tal lugar? ¿Tanto como para derribar con tal absurdo y necio argumento, la posibilidad de que todos –sociedad en primer lugar- alcancen sus presumibles objetivos? (ese bien común incuestionable que justifica la propia existencia del Museo). ¿Acaso cree que guarda o exhibe sus obras para el Mercado, el Capital o el Cacique temporal? (inevitablemente me viene a la memoria el juez X aconsejando a la Falange sobre la redacción de su demanda). De creer en la función del Museo, siquiera en ningún modo o momento debió parecerle razonable que cualquiera de las partes derribase la exposición. ¿Qué pretende? ¿Cómo y quién le pagará este inefable servicio? ¿Tan escaso sueldo abona el Juzgado? ¿Será capaz de denunciar a Gobierno, Diputación o Ayuntamiento cuando apliquen movilidad a presupuestos?

Dicen que por un clavo se perdió un reino ¿estaría también esta juez en aquella batalla?

4 comentarios:

BLANCA ORAA MOYUA dijo...

¿te apetece que nos veamos en la inauguración de Balenciaga el sábado?

Morquillas dijo...

El partido ya no me envía invitaciones. La última y única vez que estuve tras su cobarde y obediente vulgaridad, los interfectos huyeron despavoridos (sólo permanecí más o menos estático; el día que realmente 'vaya' quizás estén de vacaciones, te avisaré). Mañana inaugura Kepa Garraza en Windsor. Apareceré por allí. Suerte.

amaia dijo...

Joder macho, k sin-vivir, con tanto aire, tanto tiempo y tanto juicio el dia k inaugures habrá k hacer algo muy especial...

amaia dijo...

Insisto además, la justicia no existe Mork, existe el sisteme judicial.El fascismo creciente que nos está deborando amigo quijote es gigante no molino.

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